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martes, 9 de agosto de 2011

EN LA PLAYA...


ON THE BEACH
(Fotografía de Christine Vaufrey)


Todavía de vacaciones y con la emoción
de ser la primera vez que mis padres me permitían viajar
con mis amigos, nos dispusimos a disfrutar de los últimos días
que nos quedaban por pasar en la hermosa playa.

Íbamos los cinco que para todas partes andábamos como chicles:
pegados y sin separarnos ni un instante;
¡hasta tuvimos que rogarle al papá de Martín para que también
pudiera ir con nosotros!
Pero finalmente dijo que sí, porque los papás de todos los demás
también le pidieron que por favor lo dejara ir.

La verdad es que no hubiéramos podido ir allá
si el tío de Pepe no viviera cerca de la playa,
porque nos dieron permiso... ¡pero no nos dieron dinero!
Mas nos las ingeniamos para, con nuestros ahorros,
tener para comer (aunque fueran papas y refresco a lo último)
en esos días tan increíbles de nuestra estancia en la playa.

El caso es que estábamos ¡super contentos!
Nuestra primera aventura en la playa era maravillosa...
porque realmente ese era un día tan caluroso y bonito
¡totalmente soleado!

Mas al llegar...
¡casi nos morimos de la impresión!
Siendo los últimos días de descanso de toda la gente,
¡la playa estaba llenísima!
No cabía ni un sólo alfiler por donde pusiéramos la mirada...

Mis amigos y yo queríamos pasarnos un resto del día increible;
pero no teníamos ni un pequeñísimo espacio para podernos acomodar.
Nos parecía espantosa la idea de ponernos en medio de tanta y tanta gente.
Pero al parecer, no había otra opción.
Ninguna otra...

Sin embargo, lo que se nos ocurrió fué irnos hacia
una especie de mirador todo horrible y abandonado
que estaba algo lejos pero que brindaba una buena vista...
bueno, aunque todos en la playa se vieran como hormigas,
ni modo.

El caso es que finalmente...
(y para los poco pesos que llevábamos, honestamente)
ésa fue la mejor vista que pudimos conseguir.
La verdad es que teníamos dominado todo el panorama...
mas lo malo fue que nuestro plan de conquistar chicas
se nos vino para abajo... así, como castillo de arena
mojado por las olas del mar.

Sin embargo, ése recuerdo lo tengo bien grabado:
fué muy divertido estar todos juntos ahí,
tratando de estirar nuestro reducido presupuesto
pero disfrutando de una impresionante vista al mar
sin tener que cuidarnos de que nos quemáramos de más
en esa última visita a la playa de nuestros sueños.
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