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lunes, 1 de agosto de 2011

A LO LEJOS...


A LO LEJOS...
Fotografía de Alex "El Pelos" Briseño

Con solamente una chamarra y una gorra de beisbol,
Prudencio miraba, a lo lejos, 
lo que el imponente desierto de Samalayuca le decía:
inmensidad...
futuro...
peligro...
esperanza.

Prudencio, tan fuerte como sus 21 años,
tenía semanas haciendo la ritual visita;
simplemente a lo lejos, como por casualidad,
se quedaba observando durante minutos
aquél desértico panorama...
en el que, a pesar de todos los a pesares,
se encontraba ya, urdiendo una forma de cruzar.

Con una mujer y 5 hijos,
Prudencio dejó su niñez-adolescencia de tajo;
Ana -quien era su novia de aquella época-
también se vió envuelta en una vorágine de responsabilidades
y de problemas... amén del enorme compromiso de criar
a tanto y tanto chamaco.

Sin trabajo fijo; 
sin dinero guardado y con apuraciones económicas
principalmente por las enfermedades que ahora,
parecían ensañarse con ellos, porque con tanto chiquillo,
cuando no estaba uno enfermo,
se enfermaban los gemelos (¡gemelos!)
o los dos más pequeños.

Prudencio estaba perdiendo precisamente 
lo que su nombre le dictaba: la prudencia y la calma
para tratar de encontrar opciones aún fuera de su tierra
pero que le permitieran dar alimento y buena vida 
a su enorme y tan querida familia.

Los padres no podían hacer mucho;
muy mayores ya, los de él
y sin nadie a su lado, por cuanto a Ana se refiere.

Así que...
cavilando y cavilando, Prudencio
repetía esa monótona y ya rutinaria acción:
de apostarse así... 
a lo lejos...
para seguir observando y fraguando un plan.

¿Para cuándo?
Quién podría saber...
Dinero y más dinero...
¡Para todo el maldito dinero!
Para el coyote y los polleros...
para el compadre que le haría el conecte,
para los que lo recibirían allá
y principalmente, para dejarle a Ana
aunque fuera, tan sólo un poquito,
en lo que ella sacaba lo del día 
echando tortillas en su puesto.

Y un día más se le fué a Prudencio;
mirando...
pensando y anhelando...
deseando, 
temiendo y soñando.

A lo lejos, sí... a lo lejos,
el muchacho continuaba con su labor,
mientras seguía tejiendo ilusiones
con hilos de sueños;
de sueños compartidos por un futuro mejor 
aunque en todos ellos,
le fuera la misma vida.
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