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miércoles, 24 de agosto de 2011

ORGULLO...


PRIDE
Fotografía: STEFANEDBERG


La mujer, totalmente llena de fortaleza
continuó su largo camino 
en el sendero aquél...
bajo el candente sol abrasador y quemante.
Entera...
de una sola pieza y orgullosa de su poderío
como madre, como hermana 
-y como mujer, principalmente-
llenó su corazón de esperanza.
La vida, desde su muy temprana niñez,
no había sido nada fácil.
Las tradiciones y cultura de su ancestral pueblo
los llevaba tatuados en lo profundo de su ser;
aunque el alma también estaba plagada
de cicatrices... 
cicatrices profundas y lacerantes
que día a día, se hacían más hondas 
ante la evidente indiferencia de la gente a su derredor.
Caminaba con paso firme.
La mujer, tan llena de vida como de anhelos
de una existencia en plenitud,
llenaba su camino de pasos fuertes 
y pisadas cuyas marcas quedaban ahí...
cual evidente marca de quien desea 
no ser únicamente ave de paso
en este mundo nuestro...
sino dejar huella permanente e infinita
en los anales de los tiempos
haciéndose presente en cada acto de vida
y en cada afán o sacrificio dado.
La razón de su existir
eran sus propias extensiones del corazón.
De ese corazón tan grande materializado
en la mirada de cuatro hijos amorosos pero hambrientos;
el aliciente diario para quien desea aferrarse
a una esperanza cotidiana por la cual seguir respirando.
Aún faltaban varios kilómetros por recorrer.
La aridez del camino le quemaba por dentro.
Respiraba, incluso, bocanadas de pequeños infiernos
en cada pequeña ventisca con polvo y sal
que a fuerza de la costumbre,
eran sus fieles compañeros de travesía.
Sin embargo,
lo que realmente sostenía a la orgullosa mujer
era precisamente eso:
el orgullo de ser ella quien sacara a sus vástagos adelante.
Nadie más.
Ella y solamente ella...
Aún y a pesar de lo que le vida le cobrara
como el alto precio por ser mujer
y no doblegarse ante el hambre o la desgracia.
Y finalmente,
día a día...
su imagen a lo lejos,
terminaba captando la atención de todos,
infundiendo respeto y admiración en quienes la veían
o a su paso la encontraban:
El orgullo de ser mujer, estaba ahí, 
caminando...
haciendo su cotidiano recorrido hacia la supervivencia;
enfrentando la vida y sus avatares
con la dureza en su mirada,
y el corazón en las protectoras manos de hierro 
que sabían también de prodigar la más suave caricia...



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