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jueves, 11 de agosto de 2011

TAN ENAMORADOS...


CANELA Y RON
(Fotografía de Pedro Arellano Bustos)





Tan enamorados...

Canela y Ron, como todos los días,
se encontraron ahí, en el lugarcito que era suyo
-el que habían escogido entre todo el gran espacio
del hermoso malecón cubano-.

Ella, tan bella como femenina;
él... vigoroso, alegre y pujante
con toda la fortaleza que su misma juventud
le brindaba para hacer todo con tal de estar con ella,
el gran amor de su vida.

Todo el mundo parecía girar a su alrededor
durante los minutos que se robaban
para fundirse en el amoroso abrazo
que consolidaba sueños,
anhelos, planes y esperanzas..

Ron, ya sabía que a determinada hora de la mañana,
tenía que salir a dejar encargos que en su trabajo
siempre era usual entregar;
ella, estando en casa ayudando a su abuela,
también se ingeniaba un por qué para esa salida habitual
de todos los días a la misma y al mismo lugar.

Canela... con esa belleza morena
típica de la mujer de la bella isla,
era totalmente sensible ante la más pequeña muestra
del profundo amor del joven aquél,
que desfallecía con el más sutil mohín de coquetería
de la joven cuya belleza, era únicamente suya y de nadie más.

Ron, sabía cuánto amor había en sus corazones
y por esa razón,
tan simple como el canto sonoro de un ave matinal,
hacía planes y ahorros...
muchos muchos ahorros con lo poquito que le quedaba
después de "rayar" cada semana.

Canela también hacía lo suyo:
aprendió de la abuela a cocinar con ese toque caribeño
que todas las vecinas envidiaban y, de vez en vez,
también cocinaba una que otra cosita que le encargaban
aunque no fuera mucho con lo que le pagaban.
Hacía costuras y ropita de niños pequeños
cuando se lo encargaban,
pero algo que hacía muy bien,
eran hermosas artesanías en coco
que llevaba a las playas de la zona turística
para vender a los turistas que por ahí paseaban.

Más de un hombre quiso comprar de otra manera
no únicamente sus bien hechas artesanías,
sino el candor, las caricias y algo más
por parte de la hermosa Canela,
a lo que siempre digna, altiva y cuidadosa,
la bella morena sencillamente decía de forma tajante:
"no, gracias" y rápidamente recogiendo todo,
se iba al barrio donde vivía con su abuela.

Y aunque nunca le dijo abiertamente a Ron
este tipo de molestas situaciones,
él las intuía sabedor de la belleza impresionante
de su enamorada novia...
y, por la misma circunstancia, más empeño ponía
al ahorro de todos los días, para pronto,
poder decirle a la abuela de Canela
que se casarían para que le permitiera visitarla en casa.

Y así...
este par de jóvenes enamorados,
continuaron con su cita de todos los días
a la misma hora y en el mismo lugar...
aunque fuera por tan sólo unos instantes,
verse, besarse, reírse y abrazarse
haciendo más planes y tejiendo más sueños
ante la mirada complaciente del abrasador sol
y del viento suave que movía la cabellera de Canela
ante la sonrisa enamorada de Ron, su eterno amor.
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