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lunes, 26 de septiembre de 2011

Camino de la salida del sol...

CAMI DE LA SORTIDA DEL SOL
Fotografía de Joan Ruiz


Muy de madrugada...
mucho antes de que levantara el sol,
Jordi iba rumbo a su trabajo como agricultor
en las regiones aledañas al lugar 
donde siempre había vivido.

El recorrido era el habitual
y Jordi lo hacía repasando los mismos pasos
que desde su niñez primera 
hiciera al lado del abuelo y del padre
y que al paso del tiempo
(y ante la ausencia física de ellos)
en los últimos diez años, 
lo hiciera solo con su consabida soledad.

Quien no conociese la agreste zona
podía -tal vez- 
hasta intimidarse con el afanoso camino
que día a día, 
muy de madrugada...
Jordi tenía que recorrer para poder llegar
a las tierras amadas; 
a las tierras de siembra y de posterior 
buena y esperada cosecha.

Nuestro buen Jordi era un hombre rudo 
y de formas toscas, ciertamente.

No obstante, a pesar de lo rudimentario y 
de la rusticidad de su proceder y de su actuar cotidiano,
era un hombre bueno y noble;
con un corazón enorme y generoso...
mismo que era valorado por la gente del pueblo
y por las mujeres que, 
muy a pesar de lo que pudiésemos pensar,
un buen día hasta pelearon entre todas
por quedarse con él y prometer amarlo siempre.

Cosas del pueblo
y de su gente...
En fin.

El caso es que nuestro buen amigo, Jordi...
muy optimistamente hacía el mismo camino
madrugada tras madrugada y antes del alba
para poder llegar a la labor que sus maltratadas manos
realizaban día a día para ganarse
el pan sagrado de todos los días.

La vista, cuando ya por fin parecía
la obscuridad comenzar a desaparecer
para dar paso a la claridad de un nuevo día
...¡no podía ser más hermosa!

Los azules negráceos de la madrugada
permitían de a poco el paso 
a los colores maravillosos del día que comenzaba a hacerse presente
en sus arrebolados morados a violáceos y rosados tonos,
para luego convertirse en una promisoria esperanza
de un hermoso y caluroso día lleno de un sol de prosperidad
y de calidez para todos.

El viejo puente que diariamente tenía que ser cruzado,
se tambaleaba ante la firmeza del paso
que el hombre llevaba, para presuroso,
no perder ni un segundo no tan sólo para poder llegar al destino...
sino para apreciar y agradecer a nuestro buen Dios,
la dicha de poder contemplar otro bello día de vida
y de trabajo para compartirlo con los demás.

Y ésta es la historia de un hombre
camino de la salida del sol...
por donde la oquedad del término de la noche
se cubría con rayos de cálida luz y de maravillosa esperanza.
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