Buscar este blog

jueves, 22 de septiembre de 2011

¡CANTO A LA VIDA!...


J & K
(Another shot from Kua Bay last week, with father  and daughter 
watching the sunset)
Fotografía: Galería de KONABOY 
-PETE ORELUP-

"¡Mira el impresionante sol, Kathy!"...
Fueron las palabras emocionadas del orgulloso padre
que en hombros, levantaba a su pequeña y hermosa hija
quien asombrada, veía sin poder decir palabra, 
el bellísimo ocaso que en el horizonte se apreciaba.

El joven y fuerte padre de familia
se había levantado muy de mañana;
más bien, el día desde temprana hora
había comenzado para él porque,
al casi llegar el final del día 
tenía ya una importante promesa que cumplir.

Vivía con su pequeña hija;
la madre, tiempo atrás...
cuando aún Kathy era solamente un frágil bebé
tomó la decisión más radical de su vida:
no era el momento de ser madre...
ni mucho menos el momento de atarse a una familia
compartiendo sueños y vida con un hombre y para siempre.

Cosas tan extrañas como recurrentes
en la existencia nuestra.

Así que la familia de tres,
como originalmente inicia toda familia...
de súbito se vió convertida en un hogar para dos.

Y Peter (que era el nombre del orgulloso padre)
hacía hasta lo imposible por abarcar con su profundo amor
y su inexperiencia en cosas de bebés -primero-
y ahora, en otras cosas -de niñas, como le decía su pequeña hija-
para que la vida de su más grande amor transcurriera
llena de felicidad y de todo lo que nosotros los padres,
desearíamos para cualquiera de nuestros amados hijos.

La felíz criaturita, cuyo rostro se iluminaba
cada vez que su adorado padre llegaba por ella
a casa de Alani, la dulce mujer que la cuidaba todas las mañanas,
corriendo se avalanzaba hacia la figura paterna 
que se paraba en el umbral
extendiéndole los brazos para recibirla en su amoroso abrazo.

Así que esa calurosa tarde tan llena de sol y de vida,
Peter y Kathy se fueron a su playa favorita...
aquélla que quedaba prácticamente frente a su hogar;
el lugar donde el buen hombre de inmenso corazón
hiciera día a día, para que su inocente y cariñosa chiquita,
jamás sintiera que algo hacía falta en su felíz existencia.

Corrieron de la mano juntos chapoteando entre las pequeñas olas.

Kathy no se soltaba de la mano de su padre
ya que, se ponía muy nerviosa cada vez que el agua helada
le brincaba por doquier.

De repente, Peter la alzó sobre sus hombros;
la subió lo más que pudo y le gritó sumamente emocionado
mirando hacia el impresionante e increíble espectáculo
que ante sus azorados ojos, se presentaba:

"¡Ahí, Kathy!... 
¡Míralo... mira qué belleza de sol, hijita!";
gritaba alegremente...
"¡Mira el impresionante sol, Kathy... míralo!"...

Y así fué como la hermosa vista de una puesta de sol
con todos sus maravillosos colores a la distancia,
era coronada por la amorosa imagen de dos siendo uno...
pero era una pareja distinta...
porque se trataba del más orgulloso y amoroso padre 
que pudiéramos haber imaginado
levantando sobre sus hombros a su pedacito de ser,
la pequeña niña de sus ojos...

Quien no conocía felicidad más grande que 
estar en la playa mojando sus pequeños pies,
de la mano fuerte del hombre que la cuidaba
y la amaba por sobre todas las cosas,
viendo juntos, 
como cada día,
otro inigualable ocaso multicolor que parecía más bien,
un cotidiano y maravilloso canto a la vida nuestra.
Publicar un comentario