Buscar este blog

martes, 13 de septiembre de 2011

EL GRAN DÍA...


WONDER WHAT SHE'S THINKING
(Fotografía de CLIP WORKS)

Y el gran día llegó.
La hermosa novia estaba ahí, justo ahí
donde por última vez, podría estar sola con sus pensamientos.

Lo que tanto se había planeado y esperado,
finalmente se encontraba frente a sus manos
y frente a un futuro no ya en solitario,
sino en vida compartida con alguien más.

Sonaba muy bien, porque ciertamente
la persona en cuestión, era realmente el amor de su vida.

Sin embargo, todo cambiaría.
La vida misma...
la rutina de todos los días;
las sonrisas con las chicas del trabajo
y los pleitos eternos con las hermanas pequeñas.

Todo.
Absolutamente todo, cambiaría en un par de horas más.

En realidad, la joven mujer
-en otros tiempos no muy lejanos-
hubiese estado ya desesperada porque la ceremonia
y todo lo relativo a la boda en sí,
hubiera ya terminado para estar ya, 
con el enamorado hombre a quien uniría su vida para siempre.

Mas...
No sabía qué le ensombrecía tan gran día
y empañaba lo que parecía su completa felicidad.

¿Incertidumbre ante lo desconocido?...
¿Tal vez, dudas hacia la vida futura?...

¿Realmente sí era una decisión de vida y de amor?
O quizá era una decisión para el resto de su vida 
a fuerza de la costumbre y lo que se supone debiera ser.

No lo sabía.

Y una congoja infinita parecía explotar en su pecho
que a la vez, experimentaba emociones encontradas
al desear asirse al hombro de quien invariablemente
una y otra y otra vez, 
siempre estaba a su lado no importando la situación
o la terrible o desoladora circunstancia que imperara.

La dulce novia, respiró profundamente...

Continuó mirando hacia el horizonte
y cerró por unos instantes sus ojos.

Nuevamente respiró con cuidadosa delicadeza;
su madre y hermanas ya estaban llamándole
porque el tiempo apremiaba.

La hora se acercaba y debían ya estar rumbo a la ceremonia.

Levantando el rostro y con la mirada
clavada hacia lontananza,
miró de repente hacia el cielo
y al esplendoroso sol que le cobijaba:
Era ya la hora del gran día
y tenía que ir para cumplir con su promesa.

Sonrió débilmente.

Se limpió con sumo cuidado
una frágil y delicada lágrima que, traicionera,
escapó cuando más trataba de controlar sus emociones...
porque no debía estropear el maquillaje que,
con tanto esfuerzo, había quedado perfecto
para la bellísima ceremonia que se había planeado por todos.

Se llenó de fuerza y de súbito,
su rostro pareció de repente, refrescarse con juvenil semblante.

Volteó y con alegría levantó los brazos
haciendo señas de felicidad a su madre,
quien orgullosa le decía -a lo lejos-
que se apurara porque le estaban esperando.

La hermosa novia...
dejando escapar un enorme suspiro,
sonrió hacia sus hermanas nerviosas y alborotadas
pensando en cuánto las extrañaría
al viajar hacia un país lejano y distante;
sin embargo, comenzó a dar pasos agigantados
moviéndose delicada y cuidadosamente
para evitar ensuciar el blanco aperlado de su bello ajuar.

Un destino desconocido le esperaba,
pero la imagen evocada de un hombre joven y enamorado
con la más hermosa de las promisorias sonrisas,
le dió la fortaleza que su corazón atribulado necesitaba.

Era el gran día...
y corrió (ahora sí)
diáfana y sonriente
a la esperanzadora vida que le esperaba.



Publicar un comentario