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miércoles, 7 de septiembre de 2011

EL SURFISTA...


EAST COAST
Fotografía de Pete Orelup
(Konaboy)

El impresionante oleaje estaba ya en su punto,
dirían los conocedores...
El rompimiento de las olas era realmente grandioso
para todos los que en esa paradisíaca playa
se encontraban.

Había algunos aún mucho más expectantes
y ansiosos porque el oleaje creciera.

Con un poco más de altura en la cresta de las olas, 
todo estaría más que perfecto para los jóvenes surfistas
que desde días pasados, esperaban el buen tiempo
para poder subirse a sus tablas y cruzar intrépidamente
esas olas que parecían evitar tal osadía...

De entre todos ellos,
destacaba un joven de rasgos polinesios;
era un muchacho sumamente atlético y mirada decidida.

Realmente, para él era cuestión vital
el que durante esa mañana tan esperada por todos,
las mejores olas fueran las que él pudiera tomar
con hermosa tabla de surf que tantos y tantos
recuerdos -así como innumerables golpes y accidentes-
tenía dentro de sí.

Ailani (que era el nombre de nuestro intrépido joven)
casi no había dormido ya que, incluso,
había acampado en la parte alta de la playa
para ser uno de los primeros en meterse al hermoso mar
en cuanto el mal tiempo levantara.

Y ahora...
ahí estaba:

El precioso espectáculo del azul mar profundo y transparente
de aquéllas indescriptibles islas del pacífico,
les llamaban de inmediato a sumergirse en sus heladas
y peligrosas aguas, con inmensas olas verdeazuladas
que tenían todo un mensaje para cada uno de ellos...
como si fuese un código oculto y específico
para cada surfista, mismo que, con esa pasión en la mirada
y la adrenalina en sus venas,
quisiera comérselo todito de una sola zambullida triunfal.

Y sí...
Ailani lo logró:

Fué el primero en correr con ansia y desesperación
hacia las invitantes olas que comenzarían a crecer
como un llamado hacia un encuentro con la vida
y la misma muerte signados en multiformes gotas de agua
que salpicaban al roce de las tablas inmersas.

El surfista en verdad que triunfó:
se levantó totalmente orgulloso y desafiante...
se le veía decidido y sonriente ante el impresionante desafío.

Ailani se convirtió, por una vez en su vida,
en una escultura de agua y de sal...
estoico...
inamovible...
y por segundos, eterno...
hecho uno con su tabla de surf y con sus pies de plomo
que parecía también tener, la cualidad infinita
del domino de las aguas...
al simple corte de la espuma
y doblegando a las olas mismas,
haciendo de esa escena,
una increíble visión
de fantástica y acuática realidad.
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