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jueves, 1 de septiembre de 2011

LA VIEJA FÁBRICA...






Fábrica "Los ángeles"
Fotografía: Roberto Obregón






Los chiquillos corrían por doquier;
¡era un día perfecto y soleado!
Así que todo no podía ser más perfecto y adecuado
en la divertida escena que desde lejos se advertía.


En un lugar bastante destruído y abandonado,
se podía apreciar a un grupo de hilarantes muchachitos.
Eran niños de por los alrededores...
incluso algunos de ellos, 
con muchas carencias y limitaciones materiales
pero con el corazón lleno de ilusiones por vivir.

Así que, la otrora fábrica abandonada,
se llenaba de magia y de fantasía
con la vibrante presencia de los niños 
que día a día, saliendo de la tan odiada escuela,
se daban cita puntualmente 
en tan hermoso y solitario lugar.


A pesar de lo derruído de sus paredes,
lo que en tiempos mejores fuese una próspera fábrica
albergaba durante un buen rato
a un cúmulo de chiquillos escandalosos
y traviesos... los cuales buscaban corretearse afanosamente
tratando también, de esconderse los unos de los otros.


La hermosa fábrica cobraba vida
y no precisamente como tal,
sino como un recinto sagrado donde reinaba la inocencia:
donde se hacían presentes las risas y los juegos
de caritas ingenuas y de sonrisas angelicales
no importando estuviesen llenas de mugre y tierra
o que incluso, algunas de ellas acusaran 
evidentes signos de hambre o descuido.


Y una y otra y otra vez...
esperando la anhelada campanada de la escuela rural,
el grupo de niños gritones y desaforados,
corrían hacia la vieja fábrica
que parecía esperar con ansia a que llegara esa bendita hora
en que nuevamente, 
aunque fuera por solamente un buen rato...
sus paredes vacías y sus techos rotos,
cobraran vida entre las risas y los correteos 
de esos maravillosos y alegres niños.





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