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miércoles, 28 de septiembre de 2011

EL HOMBRE QUE NUNCA SUPO AMAR...


SEASONAL COLOURS
Fotografía: Steven Ruffles

El atardecer trajo consigo miles de sentimientos encontrados;
la vida nuestra es todo un cúmulo de imprecisiones...
de errores y de fallos en las decisiones tomadas.
(O cuando menos,
eso era lo que se me venía a la mente en esos instantes).

No era un día más.

Era un día que se esperaba fuese sumamente especial;
sin embargo, tanto esperar y esperar...
para que finalmente estuviese transcurriendo 
como cualesquier otro:
opaco, solitario...
prácticamente, sin vida dentro de sí.
Los hombres somos los únicos seres 
que solemos toparnos con la misma piedra dos veces.
¿Dos veces?...
¡Qué va! 
Dos, tres, cinco, diez...  ¡infinidad de veces!
Y aún con todo eso,
creo que nunca aprendemos finalmente 
la dura y dolorosa lección.

El día lo siento nostálgico y melancólico.
Camino sin rumbo fijo...
Me siento bajo un hermoso árbol que mece sus coloridas
y rojizas hojas, en un vaivén suave y sutil...
como sutil era el tiempo en que todo estaba bien;
tiempo en que todo era prácticamente perfecto...
y tan bueno era cuanto acontecía,
que sencillamente lo dejamos ir sin preocuparnos 
de cuidarlo ni de esmerarnos en los detalles...
aunque, siendo del todo honesto,
no debiera decir "dejamos"...
porque la verdad, fuí yo el que falló.

El que dejó que todo se esfumara
-sinceramente y aunque me duela, fuí yo-
como si se tratase de algo banal o pueril
siendo que se trataba de lo mejor que a mi vida
había llegado y que, si no hubiera sido por mi arrogancia,
lo hubiese tenido conmigo y para siempre.

Pequeñas y dulces mentiras...
¡dolorosas y terribles verdades al tiempo!
Una tras otra se fueron sucediendo
sin que pudiera yo tener la fuerza
para admitirlo en su momento y salir de todo eso
intentando preservar lo más preciado...

Ahora que intento tomarme unos minutos
para poner en orden mis ideas y todo cuanto siento
me va a explotar en la cabeza...
respiro hondamente porque quisiera que en cada aspiración
pudiera yo, realmente tener la capacidad de oxigenar
todo el torbellino que me bulle por dentro...
desde mis más simples pensamientos 
hasta el más pequeño, insignificante 
o despreciable de mis sentimientos.
Estamos tan acostumbrados en los días actuales
a actuar con el estómago...
a ser tan soberbiamente individualistas;
a obedecer impulsos y caprichos egoístas
que hemos dejado de lado 
las cosas realmente que valen la pena
(porque es muy cierto tal y como lo dijiste)...
las cosas maravillosas que debieran superponerse
a absolutamente todo lo demás.

Se dice a ciencia cierta que,
en época de hambruna es cuando más despilfarro hay:
y creo conscientemente que cuando más amor tenemos,
es cuando más lo descuidamos y hasta lo despreciamos
dándonos el lujo de, incluso, 
hasta portarnos mal con quien amorosa y sinceramente
nos entrega todo cuanto hay dentro de su transparente ser.
Y lo digo por experiencia propia...
por inconsciencia particular
y por el enorme vacío que hoy siento dentro de mí.


La vida tiene sus propias estaciones
tal y como en la naturaleza misma podemos advertir
y disfrutar a manos llenas.


La primavera de nuestra existencia
nos promete un todo alegre y desenfadado...
porque es el inicio de un camino 
que apenas se conoce para irse consolidando
y construyendo día con día.

Cuando el verano acomete,
debiéramos estar conscientes de que todo 
cuanto verdaderamente es valioso
debiera también aquilatarse para conservarlo
por siempre y para siempre.
El otoño... al avisar de su inevitable llegada
pareciera también darnos pequeños visos
de que debemos madurar tanto en pensamiento
como acción y principalmente, en el amoroso corazón.


Mas el invierno...
el crudo y terrible invierno llega atroz y avasallante
como la vida misma cuando nos comienza a cobrar 
la temida factura por los excesos, 
las erróneas decisiones 
o el desamor con el cual actuamos
y lastimamos a quien menos lo merece.

Así que hoy, siendo tan joven como aún soy...
me siento desesperadamente atrapado
en este contexto mío tan triste y desolado, 
como un hombre añoso y sin vida
porque la motivación más grande 
que pudiese hoy mismo
abrazar y disfrutar...
no será más que el sino y consecuente destino
que me marque como el hombre que,
sin nunca comprender el sentido de las estaciones de mi vida,
nunca se dió la oportunidad de ser felíz 
porque nunca supo verdaderamente amar.
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