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viernes, 9 de septiembre de 2011

LAS FIESTAS DEL PUEBLO...


Sierk-les-Bains-Rue du Molin
Fotografía de Wolfgang Staudt 


La caminata parecía no tener fin;
sin embargo, el objetivo estaba más que claro:
teníamos que llegar al barrio donde todos nos esperaban.

¡Eran los días de las fiestas patronales del pueblo!

En esa época tan maravillosa para todos los lugareños,
muchos de los visitantes gozaban en primer lugar,
de la hermosa vista de aquéllas calles tan tradicionales
como pintorescas y coloridas.

Para nosotros -todos los de casa- 
las fiestas patronales
siempre han sido motivo de gusto, 
de tradición, de alegría
y de nostalgia por los tiempos vividos de niñez compartida
y de ferviente creencia al interior.

También, son la perfecta excusa
para poner muy guapo al terruño;
el calor de hogar y la gran hospitalidad
siempre siempre se hacen presentes
y no hay nadie en el pueblo que no tenga 
ventanas y puertas abiertas
que brindar a los alegres y expectantes visitantes.

Y aunque todavía no se encontraban 
tanto los callejones como demás callejuelas
pletóricos de coloridos pedazos de papel
pendiendo de finos pero resistentes hilos
de lado a lado, el ambiente ya se sentía de fiesta.

Para mí era maravilloso saber que me encontraría
con todos los fuereños, como les decíamos en el barrio
a todos los amigos de la niñez tan amada
que por escuela o situaciones otras,
habían dejado la tierra nuestra muchos años ha...

Olores, sabores e imágenes profundas y simbólicas,
se fusionaban en sólo concepto durante esos días:
eran las fiestas del pueblo...
¡las fiestas en que todos nos volvíamos uno solo!

Y con el mismo agrado, fervoroso corazón y ahínco,
grandes y chicos; familias enteras y hasta amigos enemistados,
preparábamos todo para recibir tanto a los nuestros
como a todos los esperados turistas en nuestra tierra.

Así que, seguimos caminando y pasando por estos barrios
llenos de gente buena; de gente amable y sencilla
que lo único que poseemos, es lo que generosamente ofrecemos:
nuestra tierra, nuestra casa, nuestras manos y nuestra calidez hospitalaria.




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