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lunes, 17 de octubre de 2011

Como un murmullo del cielo...






Water drops (gotas) on grass seeds
Fotografía: OMMPHOTO




Una brisa ligera
a manera de suave caricia...

Así... con una brisa ligera
la pequeña niña despertó esa mañana.

Tenía una sensación extraña;
era una sensación bonita, por decirlo así,
pero bastante extraña.

Sabía que había soñado
y que el sueño parecía parte de algo que,
sin saber cuándo o en dónde
había sucedido sin que lograra recordarlo del todo.

Parecía haber estado entre nubes;
de entre las nubes, sentía ella que surgía
algo así como una voz muy dulce
acompañada de suave aire, cálido y casi imperceptible.

Ya no era tan pequeña;
y pesar de sí serlo,
los golpes de la vida 
(que a veces suele ser tan dura y tan cruel
con quienes menos lo merecen)
había dado madurez y aplomo 
a su corta e inocente vida.

No hacía mucho, -según todavía recordaba-
solía despertarla la voz suave
y el más dulce beso
del ser más amoroso y cariñoso
que pudiera existir en toda la tierra: su madre. 

Sin embargo,
un buen día, simplemente ella voló al cielo.

Así se lo dijo su abuela
y así ella lo confirmó 
al ver llorando a su padre
abrazado a una cama vacía y silente.

Al paso de los años,
la pequeña niña aprendió a vivir con su dolor,
dolor que, sin saber de qué maneras...
ella fué transformando en una serena fortaleza.

Mas...
Hacía ya varios días en que despertaba
con la misma inquietud de haber soñado antes
el mismo sueño que retrataba cosas ya vividas.

Con sus 12 años a cuestas
pero con el espíritu fuerte de una persona grande,
la dulce niña cavilaba una y otra y otra vez
con respecto del sueño soñado
y de la sensación que le quedaba
cada mañana al despertar de súbito.

Aunque ciertamente, despertaba algo inquieta,
a la niña le gustaba esa sensación 
que quedaba en su corazón
cada mañana al despertar sintiendo 
y experimentando cosas que, parecieran,
daban un agradable cobijo a sus pensamientos
y sentimientos ahí albergados.

Ésa mañana,
al despertar e incorporarse rápidamente
nuevamente cerró los ojos
dibujando una hermosa y enorme sonrisa
en su rostro de niña dulce e ingenua...

Sí...

¡Al fin ya sabía cuál era el sentido 
de soñar lo mismo día con día!

La suave brisa ligera que se había posado en su rostro
-esa mañana y todos los días desde algún tiempo atrás-
no era sino el beso amoroso de su madre
que, como un murmullo del cielo...
se hacía presente en su vida,
como para que jamás dudase que, a pesar de no estar ya...
siempre siempre le acompañaría en sus pensamientos,
en su dulce y anhelante corazón
y principalmente, en su maternal abrigo
a manera de suave brisa matinal.






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