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domingo, 23 de octubre de 2011

De vez en cuando...








De vez en cuando...
(Fotografía de Roberto Obregón)



De vez en cuando suelo mirar para mis adentros;
en ocasiones, las menos -si he de admitir-
la voz interior que me habla,
me dice cosas que no me gusta escuchar...
Otras tantas veces,
acepto que tiene razón:
que suelo ser un ser ineludiblemente defectible
y predecible, repitiendo una y otra vez los mismos errores.

De vez en cuando,
me conmueven mis recuerdos:
aquéllos que tengo resguardados en lo más recóndito del alma,
en el lugar en que jamás estarán nuevamente expuestos
a que nada ni nadie pueda violentarlos
ni tan siquiera con un leve o suave murmullo.

De vez en cuando, mi mirada se nubla irremediablemente;
siendo el resultado de los años de cansada vida infructuosa
donde los anhelos fueron mayores que la esperanza inquebrantable
la que, tristemente...
como una brisa ligera llegó y pasó sin mayor pena ni gloria.

Mas en otras tantas ocasiones,
la mayoria de las veces,
de vez en vez (y muy a menudo, afortunadamente)
recobro algo de lo que fuí:
de aquélla persona optimista y llena de candor e ilusión ante la vida.
Aquél ser que jamás se rendía y que, no importando
cuán dolorosa fuese la caída,
una y otra y otra y otra vez,
se levantaba con la cabeza en alto y la mirada al cielo...

A veces suelo ser valiente...
y de vez en cuando, mis temores se alejan
cuando recuperando el aliento y llenando de deseos infinitos
de construir una nueva persona mejor y más llena de cosas buenas,
algo se gesta dentro de mí;
un algo que me alienta a seguir cuesta arriba
no importando lo duro de las batallas
o lo doloroso de los fracasos.

Me miro en el vidrio roto de aquélla casa
que en tiempos mejores albergara a una familia amorosa...
y de vez en cuando me siento nuevamente como el niño aquél,
el que felíz de correr y de brincar con libertad,
sentía que con el simple hecho de abrazarse al regazo de su madre
era la persona más afortunada de todas cuantas existieran.
Y me sonrío tan sólo
con evocar este maravilloso recuerdo...
y mi corazón se llena de ternura
y de hálitos renovados de vida por vivir
como deseando alguna vez, -tal vez- poder recuperar
algo de aquéllas simbólicas imágenes recordadas.

Y...
si algún día tengo la increíble oportunidad
de recuperar a ese niño tan inocente como felíz...
que sea siempre y no, de vez en cuando
para entonces sí, darle un sentido real
a esta vida tan carente de verdadera existencia.




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