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sábado, 15 de octubre de 2011

EL MÚSICO CALLEJERO...


 

 
The street musician III
(Fotografía de Balázs Töro)

Cuando la vida transcurre sin mayor afán,
las cosas cotidianas suelen volverse transparentes...
por no decir inocuas,
hasta desaparecer del plano real de nuestra existencia.

Ahora que estoy convalesciente
(sí, de aquél dolorcito que jamás quise atender
y que ahora, me ha mandado al hospital
obligándome a un descanso enfadoso y sepulcral)
he repasado todas las acciones que, del diario,
realizo sin mayor transcendencia.

Salgo de casa.
-Siempre tarde, siempre corriendo,
siempre de malas y enojada hasta con la vida -he de aceptar-.

Y jamás soy generosa con los demás ni siquiera,
con la más despectiva de mis miradas.

Pero hoy me siento mal;
me siento sumamente mal
y no es un malestar por mi enfermedad,
sino una incomodidad al interior,
porque me siento terrible por ser tan egoísta
y tan ensimismada en mi vida y mis problemas.

¿El por qué ahora un rasgo de humanidad
me hace reflexionar y sentirme en mucho así?...

Bueno, porque ayer, precisamente ayer
en mi segundo día de internamiento aquí,
tampoco nadie por supuesto, estuvo conmigo,
lo cual era de esperarse.

No me extraña, puesto que a todos he alejado de mí
con mi actitud de desdén sobrado
pensando que la vida me debe algo.

Y no digo que no me pese, porque sí me pesa.
Más bien, ahora me abruma mucho más de lo que pensé
y esta sensación de invasiva soledad se hizo
mucho más fuerte,
porque a lo lejos...
escuché los sonidos del músico callejero
que invariablemente apostado está
en la esquina  de este hospital.

Qué cosas tiene la vida.

Paso a diario por aquí
y jamás presté atención a que existía un hospital
y en la esquina del mismo,
el hombre aquél quien me parecía hasta ridículo
por su vestimenta y por su sonrisa a todos
incluso, a quienes ni siquiera caso le hacíamos;
y ahora estoy adentro de este frío sitio...
sí... este preciso lugar por cuya acera
mis pasos han quedado
como marcados ya, en el piso ruinoso que ando y ando
y la única compañía fiel y generosa
es solamente la cálida música que de su instrumento
surge incesante y armoniosamente.

Ahora que lo pienso...
ese músico, siempre ha estado ahí.
Desde que amanece, hasta que anochece y un poco más.
Y lo que antes me parecía odioso...
ahora me hace desdecirme y retractarme:
el hombre siempre está brindando parte de su quehacer
(y más que quehacer, quiero pensar que es
algo así como la pasión de su vida, en verdad)
a todos los individualistas y egocéntricos transeúntes
-peatones, caminantes... vamos-
con acordes que antes me parecían inentendibles
pero que ahora, postrada aquí,
puedo disfrutar y apreciar.

Es música realmente hermosa...
de hecho, si por mí fuera,
a ese músico de la calle, le llevaba a un conservatorio
(o tal vez, es un músico de conservatorio... no sé).

Él, sin saberlo,
ha sido mi compañero en el resto de mi convalescencia.

Ha llenado mi soledad con sus armoniosas notas
vibrantes y hermosas...
es música gitana a veces;
otras tantas, es música popular...
pero tocada con tan magistral destreza
que no sé cómo he podido pasar de lado
sin siquiera darle una mirada agradecida
por hacer de nuestro cotidiano paso,
unos instantes plenos de belleza y espiritualidad.

Ahora que salga de aquí,
sé que él tal vez nunca sepa cuán importante
fué su sonora y lejana presencia en mi vida...
pero yo haré que no únicamente mi mirada agradecida
le diga que su música me llena profundamente
y me alegra mi día desde que la escucho.

También haré que mi pequeña contribución,
agradecida por la genialidad de sus acordes
y por su invariable presencia en la vida de todos
pueda -quizá- hacer que su propia existencia
tenga un aliciente (diferente y económicamente
más útil que nuestras agradecidas sonrisas)
que le otorgue un digno lugar como el gran músico
que el hombre aquél de la esquina del hospital,
es y representa para quienes apurados y corriendo,
pasamos al inicio del día y al término de nuestra jornada...

Músico callejero:
Ahora serás mi músico del alma
que iluminará mi espíritu
por el resto de mi agradecida y a partir de tí,
alegre y propositiva vida.

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