Buscar este blog

viernes, 21 de octubre de 2011

LA CITA...








SILENT LOVE
(ELLE PHOTOGRAPHY)



Presurosa, intentó acallar las voces de su interior,
mismas que se confundían con los murmullos nerviosos
del hombre a su lado.

Muchas veces ya habían acordado no hablar...
no decir...
no nada. 
Ni siquiera pensar.

Dulce y gentil, él asintió con la cabeza
a manera sutil de hacerle ver que estaba de acuerdo
como siempre
y como era parte de lo convenido...
La miró profundamente, como era usual
y con la mirada fija
una vez más, le entregó
su enamorado corazón.

Ella simplemente se dejó conducir dócilmente,
tomando su mano con  amorosa dulzura.

¿El lugar...?
El de cada cita y el de cada momento entre los dos;
porque solamente ése era su espacio y su tiempo
-de los dos y únicamente de los dos-...
Era su momento infinito y mágico
en el que se tejían sueños y esperanzas de vida 
que incluso, no sabrían si tendrían 
un real mañana para ambos.

Él, tan seguro de sí mismo en otras situaciones,
ahora no era dueño de nada...
ni siquiera de la propia voluntad que pendía 
total y absolutamente de un mínimo mohín por parte de ella.

Ella... siempre serena
y siempre la mujer perfecta,
en momentos así perdía la cordura
y ecuanimidad para volcar toda su pasión femenina,
haciendo de la entrega apasionada
una fusión eterna e infinita.

Besos y abrazos...
Caricias y delicadas prolongaciones de sí mismos
se sucedían instante tras instante
como no queriendo que el correr del tiempo
comenzara a hacer sus terribles estragos 
consumiendo agónicamente los minutos que aún quedaban.

El fin de tanta felicidad había llegado;
y ahora, tendrían que despedirse hasta la siguiente vez...

Nuevamente, presurosa se alistó no dejando 
ningún detalle sin atender o corregir;
él también, como siempre:
bien vestido y perfectamente arreglado
como si nada entre dos que realmente son uno,
hubiese sucedido minutos atrás.

La cita era su ritual de amor;
de ése amor silente y prohibido...
porque al fin y al cabo,
cada quien acudiría a su hogar y con los suyos
para retomar la rutina habitual de vida y de existencia
que signaba e impregnaba cada uno de los instantes
vehementemente anhelados.

Se despidieron sin falsas tristezas;
un beso fugaz...
como para no dejar rastro alguno,
fue lo único que selló su callado pacto
en el que lo prohibido era hablar...
y donde lo que jamás quedaría sin cumplir
sería el amar sin tiempo, sin espacio
y sin limitantes o restricciones que cuidar.

Y tras la puerta al cerrar,
quedó -dentro de la clandestinidad
y una vez más-...
el encuentro de dos extraños 
en la ineludible cita para apasionadamente ser
y para irrefutablemente,
a pesar de los remordimientos...
plenamente amar.





Publicar un comentario