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martes, 4 de octubre de 2011

RUMBO A CASA...





RUMBO A CASA
Fotografía: Pedro Arellano


Las dos iban ahí,
como cada día,
caminando rumbo a casa.

La pequeña niña caminaba
al lado de su abuela
quien con esfuerzo,
intentaba seguir el paso a la pequeña
subiendo afanosamente la cuesta.

Desde que naciera la chiquilla,
la mujer se hizo cargo de ella
debido a que la madre, esposa de su hijo fallecido,
no se quiso hacer cargo de la criatura.

De hecho, únicamente la tuvo
porque ésa insoportable mujer
(la madre del esposo muerto)
le insistió y le insistió para que la tuviera...
porque si por ella hubiera sido,
¡desde cuándo se la hubiese sacado del vientre!

Doña Lola, la abuela de Nanni
(la pequeña niña con sonrisa de ángel)
no vaciló a pesar de sus enfermedades y achaques
y muy a pesar de su tan "maidecida" pobreza.

Así que amorosamente
(y por encima de su rudeza y rusticidad)
se la entregaron recién salidita de la madre
para entonces, volverse ella misma,
la madre honesta y entregada
que ése bebé indefenso necesitaba.

Y ahí iban las dos.

Una caminando al lado de la otra,
porque aunque doña Lola no era nada cariñosa
quería a ese pedacito de ser
con toda la profundidad de su alma vieja,
pero renovada por la bendición de volver a ver
la sonrisa de su hijo,
en el rostro inocente de su nietecita.

Porque ciertamente,
la pequeña Nanni era todo un sol.

Todo mundo en el monte
y donde había tanta pobreza como verdor entorno,
tenía que ver con ella...
ya fuese escuchando su dulce vocecita
o ya fuera que estuviese cantando y hablando
con todos o simplemente,
con ella misma.

Y sí.
La vida transcurría así...

Día con día,
doña Lola la llevaba con ella
a la casa donde hacía más de 30 años trabajaba.

Afortunadamente los señores eran generosos
y cariñosamente comprendieron que Lola
no podría seguir yendo a trabajar
sin la compañía obligada de ese torbellino con patas,
-como cariñosamente le decía Lola
a la dulce pero traviesísima Nanni-
ante la algarabía de todos por doquier
¡y ante el temor del viejo perro de la casa de los patrones!

Y terminando su jornada cotidiana,
doña Lola agarraba a su nieta
e iban de regreso a casa,
a veces únicamente con una sonrisa en los rostros;
otras tantas cantando las dos al unísono...
y algunas más, regañando mucho doña Lola a Nanni
por haberle escondido la comida al perro de los patrones.

Nanni muy calladita,
cuando la iba regañando su abuela...
sólo la veía de reojo y bajaba la cabecita
como en señal de respeto a quien tanto 
la quería y cuidaba.
Mas... la mayoría de las veces,
como iban muy contentas las dos,
se reía a carcajadas con los chistes de la abuela
o simplemente, iba muy en silencio
poniendo toda su atención a los cuentos
que esa mujer, quien prácticamente era su madre,
con tanto cariño le contaba.

Y tarde a tarde...
la escena era la misma
en ese mismo sendero
rumbo al mismo lugar:
ambas mujeres, la grande y la pequeñita
iban felices por haber culminado otro día más de vida
llenas de agradecimiento al Señor nuestro buen Dios,
por permitirles llegar juntas y contentas del trabajo
-no importando si estaban cansadas
o si tal vez, el clima les agobiaba-
pero juntas...
siempre juntas
caminando rumbo a casa.



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