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miércoles, 19 de octubre de 2011

Y a pesar de todo... el milagro de vivir






 
Fotografía: GOOGLE IMÁGENES



 
Se quedó ahí sentada por un buen rato.
Nunca había hecho algo así:
desnuda...
totalmente desnuda,
sentada frente al espejo.

La rígida educación que de niña tuvo
jamás hubiese permitido
-ni en su imaginación-
tener un rato a solas con su intimidad de esa manera...
tal y como en ese instante,
había sucedido.

Sin falsos pudores
examinó lentamente lo que la imagen del espejo
reflejaba ante sí:
una mujer...
sí, toda una mujer en la plenitud de su vida.

Y sin embargo,
sin poder contener las abundantes lágrimas que corrían
por su triste y demacrado rostro,
detuvo la nubosa mirada en su pecho;
aquél pecho que aún no sabía de tener dentro de sí,
la suave caricia que un pequeño ser
podía representar al estrechar su pequeña humanidad
en su regazo de madre primeriza.

Inconscientemente,
con su mano trató de acariciar
esa delicada parte tan femenina y tan dadora de vida
que, para cada mujer,
representan esa redondas y suaves partes
de la anatomía tan íntima como nuestra.

Nada.

No encontró nada en qué detener
el paso delicado de su temblorosa mano de mujer.

"¿Por qué...?"
(Era la pregunta incesante que le acuchillaba el corazón).

"¿Por qué a mí?..."
Y dramáticamente sollozaba sin que pudiese
-a ratos- respirar normalmente.

La joven mujer respirando profundamente...
hizo un esfuerzo sobrehumano y se paró frente al espejo.

Efectivamente.

No sabía si algún dia tendría la dicha de ser madre.

Mas lo que sí sabía era que,
aún gestándose ese milagro de vida...
no podría alimentarle con su savia de madre amorosa.

El cáncer había ya terminado con su sueño.

Habían pasado dos meses desde que en cirugía,
le extirparan ambos senos
y aún no aceptaba su cruel y dolorosa realidad.

Sabía que era mujer
y que su esencia misma seguía y seguiría por siempre... 
y que eso no sería jamás cortado de tajo;
no obstante, el terrible desconsuelo le invadía
al pensar que nunca jamás,
por un gran descuido al no atenderse a tiempo,
podría disfrutar de la maravillosa dicha
-y la enorme bendición, en realidad-
de saber lo que el vínculo de una madre con su hijo,
simboliza, en el preciso momento de darle parte de su vida
alimentando sueños y fortaleciendo sus defensas ante el mundo.


Cerró los ojos
y lloró triste y amargamente
durante unos minutos que bien podrían parecer
una inacabable y agónica eternidad.


Sin embargo súbitamente
dejó de llorar.

Repentinamente,
se llenó de valor y recobró la serenidad.

Su rostro ya no mostraba lágrimas ni humedad
con sabor a frustante dolor y amargura.

Ya no se sentía vacía
ni seca por dentro.
La tonta idea de ser tierra infértil
se había ido y para siempre.


Ahora se sabía dichosa...
se sabía plena,
se asumía felíz.

Porque estaba viva... ¡viva!
Y la denodada lucha contra el cáncer,
se había ganado ya,
dándole nuevos hálitos de esperanzadora vida
con un promisorio mañana en donde ser mujer
también conlleva muchas otras perspectivas
y cuantiosas aristas de realización del existir.

Sonrió dulcemente y se tapó con la bata
que colgaba atrás de la puerta:
¡Gracias, Dios mío!
¡Gracias por permitirme muchos años más,
de vida y de existencia a pesar de mi enfermedad!

Y jalando profundamente un poco de aire,
salió decidida,
a dar la cara a la vida que le esperaba.




ESTE DÍA, SE DEDICA
A TRATAR DE CONCIENTIZAR
A TODAS LAS MUJERES DEL MUNDO,
A QUE FOMENTEN UNA CULTURA
DE CUIDADOS Y PREVENCIÓN
CONTRA EL CÁNCER DE MAMA.
POR FAVOR, UNOS MINUTOS DE
TU REVISIÓN Y EXPLORACIÓN PERSONAL
AL MES,  PUEDEN SER LA GRAN DIFERENCIA
ENTRE LA HERMOSA VIDA
Y LA TERRIBLE E INEVITABLE MUERTE.


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