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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cuando las mariposas blancas susurran vida en el día de muertos...





Fotografía: 
GOOGLE IMÁGENES




Desde añosos tiempos
que la memoria del hombre guarda celosamente...
existen hermosas historias que vinculan la vida
con la temida pero inevitable muerte.

En la zona serrana de la región de las Altas Montañas
(en la parte central del estado de Veracruz -en México,
mi amada y siempre añorada tierra-)
existen bellísimos relatos que precisamente,
en días tan importantes para nosotros los mexicanos
como es ésta fecha del DÍA DE MUERTOS,
nuevamente cobran vital importancia
y son totalmente respetados como atesorados.

Pues bien...
Una de esas hermosas narraciones
cuenta que, precisamente,
enclavado en el centro de un agreste valle,
la gente de cierto pueblecito
se sentía triste porque una epidemia
había arrasado prácticamente con toda la vida
de quienes ahí vivían,
pero más aún preocupados se encontraban
porque muchos de los que perecieron
habían sido los pequeños niños del lugar.

Un silente manto había acallado 
las risas y los juegos
de tan alegre, en otras épocas,
pueblecito.

Pasó el tiempo...

La gente comenzaba a retomar lo habitual de sus vidas;
sin embargo, en una de las pequeñas casas
se tuvo la idea de recordar al pequeño niño
-cuyos jugueteos ahora eran en el cielo azulado-
y pusieron un especie de altar pequeñito,
todo color blanco porque les recordaba la inocencia
de su niño y la pureza de su transparente y pequeña alma.

Los vecinos de al lado,
intrigados y un tanto preocupados
por no entender bien, el por qué de remover
el dolor que había comenzado a desaparecer
de los corazones de los dolientes padres,
preguntaron la razón de tan extraña situación.

Los amorosos padres dijeron
que en un sueño compartido,
ambos habían visto volar a una pequeña
y blanca mariposa
por los áridos terrenos
que por lo gélido de la estación se encontraban.

El aleteo fuerte y brioso de la blanca mariposa
traía consigo cosas buenas y maravillosas
porque sintieron muy cerca de sus corazones
la presencia de su tan amado como añorado hijito;
no entendían bien el por qué
y sin embargo, como ambos (y por su parte)
habían tenido el mismo sueño 
con el bellísimo y frágil ser alado,
experimentaron una creciente necesidad
de hacer saber a su pequeño hijo,
que seguía siendo amado, extrañado y pensado
como cada día de su corta y hermosa existencia
desde su llegada a este mundo en el que vivimos.

Los vecinos,
quienes también habían perdido no uno,
sino a dos de sus tres hijos,
se quedaron pensativos y con el alma estrujada.

Y sin saber el por qué de la decisión,
cuando se dieron cuenta también estaban ya
colocando los pocos juguetitos de madera 
de sus dos hijitos
junto con sus sencillos alimentos preferidos
en otro pequeño altar que estaban arreglando
en la entrada de su humilde hogar.

Al otro día, muy de mañanita
(en esas frías y húmedas mañanas de la sierra
de las Altas Montañas veracruzanas)
niños más grandecitos 
comenzaron con gran algarabía
a correr y a gritar desaforados:
todos los mayores espantados y alarmados,
salieron de sus casas 
y algunos hasta dejaron de lado
las herramientas para ir a la siembra;
¡cuál no sería su sorpresa de ver 
todo el centro del pequeño lugar
cundido de centenares 
de bellas y alegres mariposas blancas
aleteando y volando dispersas 
por todas partes!

De inmediato todos los pobladores del lugar
salieron a festejar la llegada 
de las hermosas mariposas
porque de antemano sabían ya el sueño
de aquél par de jóvenes padres
con lo que decían, era el alma de su único 
y adorado hijo
presagiando que no solamente él,
sino todos los muertitos suyos
estaban también llegando...


Y ése fué el principio de una hermosa historia
que año con año,
se conviertiera en bellísimo y sentido ritual:
la llegada de las mariposas blancas
ahora se sabe que susurran a todos,
que el Día de Muertos,
el día en que debemos recordar más que nunca
a todos nuestros pequeños 
o grandes difuntos, se acerca...

Y entonces, todos en el lugar...
debemos esperarlos con gran alegría y regocijo,
pues pronto llegarán de nueva cuenta a casa
siguiendo el camino de los pétalos de cempasúchitl
para que no se pierdan,
claro, guiados por el maravilloso y suave susurro
del aletear blanco y brillante
de estas hermosas mariposas.


ADAPTACIÓN MÍA DE UNA 
DE TANTAS HISTORIAS
ACERCA DE LA HERMOSA
CREENCIA DEL DÍA DE MUERTOS
DEL 1 DE NOVIEMBRE, 
DÍA DEDICADO A NUESTROS NIÑOS
QUE YA NO ESTÁN CON NOSOTROS,
EN LA SIERRA DE LAS ALTAS MONTAÑAS,
LUGAR AL QUE MI NATAL ORIZABA,
PERTENECE.




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