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jueves, 17 de noviembre de 2011

La leyenda del Caballero y el Hada de la Imaginación...



ÚNICO */
Fotografía de Jaime Santoni


 

Cuenta una hermosa y muy antigua leyenda...
que en los tiempos tan lejanos de los castillos,
los príncipes y los dragones hechiceros
existía también un fantástico lugar
donde los sueños más bellos e inimaginables
cobraban vida de maneras aún impensables.

Ahí, en lo alto del Monte Sagrado,
había un muy solitario bosque al cual,
ni el más valiente de los caballeros del rey
tenía el atrevimiento de acercarse.

¿Las razones?...

Una infinidad,
entre las que destacaban que,
del cúmulo de rumores y de consejas populares,
se decía que la Bruja Blanca,
aquél ser espeluznante y temido por todo el reino
convertía en seres fantásticos a todo ser vivo
que intentaba acercarse
a sus ahora tan temidos dominios.

Lo que nadie sabía era que,
en realidad,
la tan tenebrosa mujer
no era otra sino la más delicada criatura
que hubiese existido jamás...
misma que, cansada de tanto esperar
a aquél valiente príncipe
-que, guiado por su infinito amor...
habría de liberarla del hechizo del Mago Alado
que la condenó a vivir bajo un encantamiento eterno
si el amor de su vida no la liberaba-
habíase transformado en ése ser
ahora conocido como la maléfica Bruja Blanca.


Caballeros íban y venían tratando de,
cuando menos fanfarroneando,
hacerse ver como intrépidos guerreros
dispuestos a luchar por el amor de aquella mujer
-que en añosos tiempos había sido la más bella dama del reino-
mas nadie realmente,
tenía la plena convicción de incluso,
dar la vida misma por el amor de la exquisita criatura.

Cierto día...
supieron de un caballero venido de inhóspitas y frías tierras,
que llevaba meses cabalgando y buscando,
precisamente,
cómo llegar al Monte Sagrado;
la gente de los lugares por los que pasaba,
mucho se preocupaba por el destino del pobre infortunado...
sin embargo,
le guiaban con indicaciones mientras que le brindaban
algún pan con vasijas de agua,
para aguantar el resto del pesado recorrido.

Ése hombre, motivado por un extraño sueño,
se levantó un buen día con la convicción de cumplir
una titánica tarea que bien podría llevarle la vida:
rescatar a un ser, del cual no sabía perfectamente su forma
pero que, un resplandor mágico en sus sueños,
le había dicho que, el Hada de la Imaginación guiaría su sendero
y le premiaría con su lealtad y valentía
si concluía victoriosamente su encomienda.

El noble caballero no lo dudó un instante
y he ahí el por qué de haber llegado desde tan lejanas tierras
hasta este reino encantado, en pos del rescate
de tan intrigante ser.
Finalmente y a pesar de las advertencias de todas las personas,
se adentró en la espesa maleza que rodeaba el bosque encantado.

Contrario a lo que pensaba,
el caballero vió hermosos parajes poblados
de mil y un animales e insectos que en lo más mínimo
podíanse ver como monstruosos o temibles.
Como un susurro de cálida tarde otoñal...
sintió la presencia de ese resplandor,
el mismo de sus sueños donde el Hada de la Imaginación,
habíale dado tal encomienda.

En un abrir y cerrar de ojos...
el valiente hombre vió a lo lejos
la figura de un espectacular caballo blanco...
¡el más hermoso de cuantos hubiera podido ver!
De inmediato, atraído por la belleza del noble animal,
el caballero llegó a su lado con cautela;
bajando con sumo cuidado de la montura...
se acercó lentamente,
susurrándole suaves y cariñosas palabras al corcel
el que, nerviosamente,
retrocedía al paso decidido del caballero.

Cuando por fin el dócil equino
dejóse acariciar por la mano fuerte pero cuidadosa del caballero,
éste se acercó al animal y le acarició por unos instantes.
El caballo blanco...
enorme y fuerte,
solamente se acercó aún más al caballero
y agachó la cabeza, como pidiéndole más delicadas caricias
a tan sorprendido hombre de haber encontrado
tan grande belleza en la parte interna del bosque encantado.

Antes de decidir colocar una brida al equino,
el caballero de forma muy dulce,
depositó el más puro y transparente de cuantos besos
había depositado en más de una mano de delicadas damas.

¡Cuál no sería su impresionante reacción
al ser testigo de la transformación del enorme equino
en la más frágil, delicada y hermosa de las criaturas
que sus varoniles ojos pudieran haber observado jamás!

Y antes de poder decir algo...
un resplandor fastuosa e impecablemente brillante
se hizo presente en la forma de una elegante mujer:
era el Hada de la Imaginación, quien hablaba serenamente
a un buen hombre que supo obedecer sin chistar
y ni tan siquiera, esbozar alguna objeción a tan difícil
misión asignada.

Le dijo que como premio a su obediencia, nobleza y valentía...
el amor puro e inocente de la Princesa Encantada
(y que todos, tristemente, habían bautizado como la Bruja Blanca
sin saber realmente quién o cómo era tan rumorado ser)
sería la mujer que al tiempo,
no únicamente le daría su amor
y su vida...
sino que se convertiría en la madre de sus hijos
reinando los dos en esas tierras para siempre.

Y despidiéndose con un cúmulo de parabienes...
la bondadosa Hada de la Imaginación desapareció
convirtiéndose en una estela de pequeñísimas estrellas
que al paso de la enamorada pareja...
cubría de polvo brillante el sendero a seguir
para guiar sus amorosos pasos
y convertirse en justos gobernantes de esas tierras
hasta el fin de los días de la maravillosa eternidad.




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