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sábado, 12 de noviembre de 2011

Los desatinos de una mente loca...



PASSING TRAIN
Fotografía de 3AMMO




Recientemente había llegado al andén;
la rápida visión que esos momentos me ofrecía
tan especial e inédita escena,
sencillamente, cautivó toda mi atención.

No veía quién era.

En realidad, no habría forma de saberlo pues,
a la distancia, únicamente tenía yo,
como espejo, una imagen de alguien con la espalda
hacia donde yo me encontraba.

Sin embargo, lo que llamó mi atención,
fue que pasó un tren e hizo el consabido alto en esa parada.

La gente, inmediatamente, se arremolinaba en la puerta
para evitar se consumiesen los segundo que duraba
tal evento en cada una de las estaciones.

Mas, esa mujer, permanecía ahí...
impávida y con la mirada clavada hacia el frente,
es decir, como viendo pasar al tren.

Pensé, tal vez espera por alguien.

Pero no, no era así.

Nuevamente la escena se repitió y con la misma secuencia
de las acciones que minutos antes, había yo presenciado:
Llegó otro tren.
Hizo el alto esperado durante el tiempo sabido...
cerró sus puertas con gente apretándose para poder entrar
en el vagón antes del cierre temido y nada.

Tampoco en ése se fué.

Y en ese preciso instante fué cuando, sin yo pretenderlo,
me hundí en un mar de introspecciones
pensando mil y un razones por las que esta mujer,
quizá nunca se iría durante el transcurso de un buen tiempo.

Pensé en que tal vez,
a la persona que esperaba aún no la veía llegar.

También se me vino a la mente que estaba triste...
y que probablemente,
trataba de distraerse viendo llegar los diferentes trenes
de un sin número de destinos conocidos o no.
Imaginaba verla llorando y sufriendo amargamente
porque lo más seguro,
era que el amor de su vida,
la hubiese abandonado...

Mil y un cosas
ensayaba en mi mente...
como si estuviese yo a punto de elaborar
el guión de su propia historia.

Mas de repente...
un sobresalto me invadió
sacudiéndome por completo y haciendo que un leve temblor
recorriera absolutamente todo mi cuerpo:
¿... Y si lo que quería era precisamente ya no estar aquí?

¿Y si tal vez...
estaba pensando en quitarse la vida?

¿Y si...?...

Realmente me aterroricé;
nadie se había percatado de la situación
y si la mujer tomaba una decisión drástica y repentina...
¡nadie podría llegar a ella y entre todos esos
tampoco yo!

¡Y nadie sabía ni se imaginaba que tal vez
esa mujer, estuviera maquinando un plan mortífero
para acabar con su pobre existencia!

En lo que mis locos pensamientos me consumían
y habiendo pasado no sé cuántos trenes y vagones
frente a la silueta delicada pero inamovible
de esa mujer parada en el andén...
y habiéndome yo decidido a dejar mi lugar
para intentar acercarme sin hacerlo tan evidente
(para llegar a ella y no sobresaltarla y evitar así
que ella pudiera dar rienda suelta a sus tendencias suicidas),
algo extraño ocurrió que hizo me detuviera por completo:

De un enésimo tren
(porque la verdad
con mi mar de angustia y preocupación,
ya hasta había perdido la cuenta de cuántos trenes
y cuántos vagones había dejado pasar esa mujer),
bajaron un hombre y dos niños.

¡Inmediatamente la mujer extendiendo sus brazos
amorosamente los recibió con toda efusión y alegría!
Realmente, la escena me sorprendió y enterneció;
lo que para mi mente fantasiosa (¡y en demasía, la verdad!)
era casi casi el preámbulo de una tragedia predeterminada...
no fue sino la cariñosa espera de una madre paciente y expectante
por recibir la llegada de su hermosa y entrañable familia.

La mirada complacida del hombre
siendo testigo de lo hermoso que es el amor fraternal
de los suyos,
lo decía todo... realmente todo.

Tomando cada uno a cada pequeño de la mano,
por fin pude ver el rostro que tanta intriga había causado en mí.

Me sentí tan aliviada 
(y ciertamente apenada)
de ver un semblante de mujer tan lleno de vida
y de dedicada pasión a su más noble rol:
el ser esposa y madre
o madre y esposa -da lo mismo-
la que con ferviente entrega
hubiese estado parada ahí no únicamente horas
sino (ahora sí estoy segura)
días y semanas
y quizá meses y hasta años...
esperando por los pedacitos de ser
que con la más espléndida sonrisa,
se habían avalanzado a sus amorosos brazos.

Los desatinos de una mente loca...
(¡la mía!)
me hicieron pasar momentos de angustia real
cuando me dejé llevar por mis pensamientos
pensando por ella y creando toda una historia
(más que nada, casi casi un docudrama)
donde ella, como sufrida protagonista,
estaría al borde de tomar una tajante decisión fatal.

Me da mucho gusto haberme equivocado...
en realidad, no saben qué alegría haber pensado de más;
porque con todo lo vivido,
llegué a una férrea conclusión y convicción:
no pensar jamás por otros,
dejándome conducir por mi enorme imaginación.



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