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martes, 20 de diciembre de 2011

El cansancio de la inacabable espera...


SÓLO ESPERAR CANSA...
(Fotografía de Juan Darias Rodríguez)



El cansancio de la inacabable espera
se hacía nuevamente presente.

No era -ciertamente-
algo nuevo en la vida del hombre aquél
que en ocasiones se sentía como si estuviese presenciando
un espectáculo cruel de una vida que no fuese la suya propia.

De vez en vez,
sentíase tal cual si fuera un simple espectador
en el medio de la nada...
así, como si de repente todo en su entorno se desdibujase
y se perdiera sutil y etéreamente como el aire mismo.

En otros momentos distintos,
asumíase quizá, como el hombre que veía la vida pasar
como al través de la ventana,
sumido en su propia e inagotable soledad.

"Sólo esperar cansa..."
solía decir su abuelo cuando le llevaba de la mano
a la costa norte para buscar mejor pesca
y regresar con el bote colmado de cargamento marino.

Y lo más triste del asunto,
era que el hermético hombre de afable
pero errática vida,
ni siquiera sabía bien que o a quién esperaba con afán desmedido.

Día a día...
levantándose con el alba como compañera fiel,
decíase en su voz interna
que ya no iba a esperar "a que ocurriera el milagro"...


Sin embargo, también para sus adentros
él mismo respondíase con una sonrisa que más bien
parecía ser un esbozo de algo similar a una mueca,
que a qué milagro se estaba a sí mismo refiriendo.

La vida...
El aire...
La oportunidad de poder apreciar,
aunque sea en solitario,
el nacimiento de cada nuevo día
era ya de por sí, algo parecido a un venturoso milagro.

Mas...
también él mismo sabía cuál era la respuesta anhelada:
el amor...
el amor que se fuera de su vida hacía ya más de 40 inviernos
y que aún esperaba con férrea convicción de no cesar
en su espera...
por mucho que tan sólo esperar también cansara.

Pero el Creador de todo cuanto existe
era también el dador de hálitos de vida nuevos...
y sí, aunque día con día se dijese que sólo esperar cansa,
al término de la jornada,
nuestro buen hombre...
tan huraño como solitario,
estaba ya listo para continuar con su misión en esta vida:
seguir esperando...
morir esperando...
anhelar un poco de alegre vida
en esa inacabable espera
que parecía hacerse eterna y cansina.




 
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