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miércoles, 28 de diciembre de 2011

LA SOLEDAD...



A SENSE OF LONELINESS
Fotografía de Ditao





Una solitaria hoja roja...
No había mejor metáfora en todo el mensaje
que se podía advertir en esa grisácea plasta
en la que, de manera inusual,
se encontraba la pequeña hoja.

¿De qué extrañas maneras se había posado ahí
la insignificante hoja roja?...

No había forma de saberlo;
mas...
lo que sí era evidente,
es que era bella,
muy bella en verdad.

Aún siendo tan pequeña...
tan breve en espacio como en dimensiones,
era perfecta y delicada,
así...
tal cual pensamos que las cosas hermosas
quizá debieran ser:
frágiles y totalmente arrobadoras.

La pequeña hoja hizo algo inimaginable:
sin que ella, como hoja que es,
pudiera tener la intención de lograr un cambio en algo
(o alguien, porque díganme cuándo una hoja ha tenido
la facultad de incidir en un cambio actitudinal
o conductual en las personas... ¡por favor)...
y de lo que hablo,
es que sinceramente...
al ver a esa cosita tan chiquita y frágil
como perdida en esa inmensidad gris pareciera
que se perdería o que tal vez, incluso,
llegaría a desaparecer su esencia...
pero dotaba de vida todo a su derredor.

¡Sí!
¡Era verdad!
La metáfora de la hoja roja simbolizaba
la vida entera, porque donde parecía que no había más...
ahí estaba, a manera de una pequeña mancha roja
una señal de que había vida...
y si había vida entonces,
había emociones,
sensaciones,
sentimientos...
vivencias, recuerdos, anhelos,
¡esperanzas y un sin número de cosas bellas
y maravillosas por vivir, sentir, experimentar,  tocar,
soñar y principalmente, amar!

Nunca pensé que mi vida estaría ahí,
plasmada en ese muro de tablones opacos y sin mayor
trascendencia que ser de un color sobrio y apagado;
mas... la fortuna que hizo que esa hojita color rojo
se hubiese quedado ahí,
quizá pegada por la fuerza del viento
o tal vez, por un capricho del mismo destino...
ha hecho que me de cuenta de que no puedo seguir
por la misma senda.

Que no debo seguir siendo el mismo:
el mismo que se queja de estar tan solo
y no hacer nada por remediarlo;
el mismo que se burla hasta de la propia comedia que se vive
sin ni siquiera intentar cambiar la orientación
de la brújula con que guío mis propios pasos.

Que una esperanza...
por muy chiquitita que ésta sea,
brinda la maravillosa posibilidad de pintar de color
un horizonte estéril y yerto...

Y que mi vida...
ésta vida que yo tengo en mis propias manos,
depende únicamente de mí;
de mis decisiones y de mis emociones...
de mis sensaciones y de mis aprehensiones...
pero más aún y más allá de todo ello:
que mi vida será más vida
si me atrevo realmente a vivirla con pasión y entrega infinita.

Porque la pequeña hoja roja,
es mi corazón que no quiere dejar de latir,
que no quiere dejar de vibrar
a cada suspiro contenido o dado;
que no quiere dejar de sentir ni mucho menos...
dejar de soñar...
porque la soledad, ésa compañera de todos los días,
siempre estará en mí
más...
lo importante es asumirla y encontrar ésa otra parte,
con quien compartirla para así,
hacer de la soledad mía,
una soledad compartida y hasta anhelada
en un arranque de histeria no de uno individualizado
sino amorosamente de dos siendo uno...
amando y soñando,
viviendo y vibrando...
siendo y existiendo...
unidos por la misma necesidad de tanto amar.
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