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viernes, 16 de diciembre de 2011

¿TE SIENTAS CONMIGO?... (Fotografía de Mario Rubio)





¿TE SIENTAS CONMIGO?
Fotografía: Mario Rubio  



La tibia y cálida noche era inusual;
realmente invitaba a disfrutar de ella
brindando un espectáculo maravilloso 
con centenares de estrellas 
y minúsculas luces en toda la bóveda celestial.

Y yo me encontraba ahí,
en nuestro sitio de todos los días
y de todas las benditas noches en que juntos,
sentados bajo la humedad del añoso árbol
veíamos y contábamos las estrellas...
así que, me imaginaba mil formas en todas ellas
esperando tu llegada en los próximos instantes.

Aunque ciertamente había dos bancas,
como es lógico, únicamente ocupábamos una de ellas.

¿Qué hacíamos noche a noche en ése,
nuestro mirador particular?...
Inventar mil cosas:
compartir mil sueños y esperanzas
donde los protagonistas siempre solíamos ser tú y yo.

Hablábamos de la libertad...
sí de esta libertad que sentíamos al estar ahí,
al aire libre, planeando nuestra vida y nuestro futuro
como dos chiquillos que éramos;
porque también es muy cierto
que desde muy niños estábamos juntos
como los mejores amigos que podían existir
en esta tierra y realmente, en todo el universo.

Y es que nuestras vidas
(al igual que nuestras familias)
estaban unidas de mucho mucho tiempo atrás.

A nuestros padres -la verdad-
nuestra amistad les agradaba mucho
y desde pequeños nos pareció muy normal;
sin embargo, entre más crecíamos
yo sentía que algo había medio raro o extraño
entre esas miraditas de mi mamá y de su amiga Nati
(la mamá de Quique, mi mejor amigo)...
No sé...
Ya algo me parecía que se traían entre manos
esas mujeres que resultaban ser nuestras mamás.

Papá y Beto (el papá de Quique)
ni caso nos hacían;
únicamente nos daban las recomendaciones de siempre:
no irnos más allá del árbol
y no regresar muy tarde en estos días
en que anochecía muy temprano.

Pero a Quique y a mí,
todo eso nos daba igual;
queríamos terminar la escuela
para irnos juntos a la ciudad a la universidad
a estudiar la misma carrera y en la misma escuela.

Y por eso...
para seguir planeando nuestro futuro juntos
(como toda la vida lo habíamos soñado)
es que yo siempre llegaba antes que él
porque me gustaba esperarlo mirando las estrellas
y disfrutando de unos minutos en silencio
y solamente con el canto de las chicharras
en el campo donde vivíamos desde muy pequeños.

Y al darme cuenta de la presencia ya cercana de Quique,
como todos los días y todas las noches,
me hice hacia un extremo de la banca
para gritarle con todas las fuerzas de mi ser:
"¡Ehhh, Quiqueeee!...
¿Te sientas conmigo?...
¡¿Si?!..."
mientras Quique corría jugando carreritas con su perro
y sonriéndome muy contento al verme.




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