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martes, 29 de noviembre de 2011

RED AND PINK...



Red and Pink 
(Fotografía de NZ #1)



 
Red and Pink...
(en otras palabras pasión y ternura;
tal y como mi mamá me describe a mí:
a la atolondrada Adela...
adolescente de mil sueños y de mil planes y proyectos).

Pues sí.
Ésa soy yo.

Como toda chica de mi edad
-porque me fastidia que en la casa y la escuela
me sigan diciendo "niña"-
a mis 14 años, tengo ya bastante cosas vistas y hechas...
¡porque ya estoy grande...  soy una adolescente!

Claro, no soy una mujer de mundo,
como suelen decir las muchachas ya mayores...
ésas como mi vecina Patty,
quien se da cada agarrón con su novio en turno,
¡que de veras!
¡Ya ni la hace!
Hasta pena ajena me da a mí
y cada vez que salgo con mis hermanitos
¡mejor o nos pasamos de calle
o de plano les tapo los ojos!

¡No inventes...!

Es que hay de cosas a cosas
y claro que, aunque yo no he tenido novio
(y aclaro: no porque no tenga con quién,
sino porque todavía o quiero. Punto final)...
pues perfectamente sé qué cosas sí se pueden o no hacer;
aunque me rechoca que mi mamá siempre
me esté con la cantaleta de
"Ade... es que una niña educada no hace eso"
o "Ade, nunca dejes que te estén abrazando así..."
o "no permitas que te traten mal o te falten al respeto,
porque si alguien te lo falta,
me dolería mucho que fuera porque tú estás dando pié a eso, Ade"...
pues, la verdad es que tiene razón.

También la orientadora en mi escuela
se la pasa hablándonos de eso:
que si no es momento...
que si estamos chicas o que los chamacos son bien abusivos,
pero yo sé que aunque me caiga super mal
que a cada rato nos lo digan,
pues tienen toda la razón.

¡Y que si no la tienen...!

Ya otra compañera del otro grupo
dejó de ir a la escuela;
escuincla tonta (como dice mi tía Clarita)
pues es que ya pasó lo que tenía que pasar
y ni modo: a hacerse cargo ahora como adulta
porque quiso actuar como grande
y ya qué, tendrá ahora que tener obligaciones
de gente grande.

Yo la verdad creo que en los tiempos actuales
nos falta mucho a los adolescentes por entender
pero principalmente por aprender.

Tengo compañeras y amigas
que como les caen mal sus mamás
(porque quieren aconsejarles como lo hace la mía)
actúan sin pensar y no se dan cuenta de que al final,
quienes terminan pagando los platos rotos, son ellas.

Y eso es triste.

En la escuela nos hablan de todo eso
y procuran darnos consejos,
pero como ahora hay tantas cosas en la tele,
en las películas y en internet ¡te lo juro!
Como que todo eso hace que se nos antoje hacer cosas
que pensamos son normales porque vemos en programas,
películas y videos (escuchamos en canciones de ésas horribles)
o leemos en blogs o en el face y twitter que los demás dicen que lo hacen,
pues bien tontitas... ¡ahí vamos como borregos
haciendo cosas sin siquiera detenernos a pensar!

Por eso cuando mi mamá en la casa,
antes de ir a dormir
(aunque eso no se lo cuento a nadie
porque no quiero que se burlen de mí
diciéndome que mi mamá me trata todavía como chiquita)
siempre me da la bendición y después de dar gracias y rezar,
me habla mucho y me da muchos consejos,
yo sé que tiene razón:
sé que lo hace porque no quiere que yo sufra
por haber ignorado lo que con tanto amor siempre me aconseja
ya que lo único que ella quiere,
es que yo tenga la oportunidad de vivir conforme a mi edad;
de hacer las cosas que cada etapa de mi vida debe vivir
y que no por una "calentura",
pierda yo la oportunidad de estudiar lo que quiero...

Ahhh, porque yo  me quiero ir a estudiar a Europa
(todavía no sé bien qué... pero algo de idiomas o comercio)
y viajar y viajar para conocer mucha gente
y países y culturas... ¡y tantas otras cosas más!

Por eso sé que mi mamá
cuando me dice:
"ahí viene mi Redanpinc", jajajaj
(¡porque lo dice así, seguidito
y la verdad me da mucha risa!)
valoro mucho tener a mi mamá que me ama
y se preocupa tanto por mis hermanitos
y por mí y le agradezco mucho a Papá Diosito
que me haya dado esa mamá que se preocupa
y me aconseja aunque a veces,
hasta le haga yo caritas de fastidio.

Y bueno...
ya me tengo que ir,
porque debo ayudar a mi mamá con la cena...
pero mañana será otro día
en que también, la vida seguirá siendo por ahora
(y espero que por mucho tiempo, la verdad)
así: ROJO y ROSA o Red and Pink...
¡o sea... hermosa para mí!




domingo, 27 de noviembre de 2011

La mariposa azul...



MORFO AZUL
Fotografía de Roberto Obregón

La hermosa mariposa azul estaba ahí quieta,
como si nada, ni el tiempo o el espacio
le importasen tan siquiera un poco.

De hecho llevaba yo minutos observándola
para ver cuándo -finalmente-
decidía moverse;
tal vez aletear ligeramente...
pero no.
No se movió ni siquiera al sentir mi presencia.

Y me llamó la atención desde que la ví.

Estaba yo en el jardín
de la casa de mis abuelos como normalmente lo hacía
cuando recibía algún regaño de mis padres o mis hermanos.

Siendo yo la más pequeña de los hijos,
siempre sentí mucha sobreprotección por parte de todos
y como cada domingo después de misa,
el ritual consabido era ir a la casa vieja de los abuelos
a comer con todos para quedarnos ahí hasta la noche.

La verdad es que me gustaba estar ahí;
disfrutaba mucho de la compañía de todos
y más que ninguna otra cosa,
lo que me encantaba era escuchar las historias
que mi abuelo nos contaba a todos:
que si cuando era niño y el bisabuelo era muy exigente con él,
que si la bisabuela era todo amor y siempre cantaba y silbaba...
en fin...
todo todo me parecía fascinante proviniendo de ellos.

Pero...
(ahí viene el "pero" que a todo chamaco le pasa en su vida)
me fastidiaba que mis hermanos se sintieran
más que yo y siempre me corrigieran,
me regañaran o me indicaran lo que tenía o no qué hacer.

¡Me chocaba como no tienen idea!

Y por eso terminaba siempre en el mismo lugar:
sentada en el pequeño patio que daba a un inmenso jardín;
de aquéllos, que afortunadamente aún existen
en algunas casonas viejas de gente buena,
como mis adorados abuelos.

Me gustaba irme al mismo lugar:
a sentarme en mi lugar favorito,
el equipal (un asiento así, grande y cómodo
como los que había antes en los ranchos o haciendas
hechos de cuero trenzado) que era de mi abuelo.

Ahí me sentaba a veces,
sin hacer ninguna otra cosa que esperar
a que se me bajara el berrinche.

Otras veces,
si me daba tiempo de llevarme algún libro,
me ponía a leer alguna novela o cuento
(aunque fuera por obligación por alguna tarea
que me hubiesen encargado en la escuela)
aprovechando la quietud y la paz
que me brindaba ese hermoso lugar
lejos de mis odiosos hermanos.

Sin embargo en aquélla tarde...
-la tarde que les platico,
donde ví a esa bellísima mariposa-
estaba yo intentando dibujar algo de tarea
que me había dejado mi maestro de Arte.

Nos pidió que dibujáramos un sentimiento.

¿Un sentimiento?
¡Vaya tarea!

Ahhh, pero eso sí nos dijo que quedaba prohibido
dibujar corazones y esas cosas, ja...
¡porque dijo que seguramente todos íbamos a hacer
corazones pensando en el amor!

En fin...

El caso es que estaba tratando de pensar qué poder hacer,
cuando ví a esa hermosísima mariposa.

La verdad... ¡es que encantó su bellísimo color azul!
Yo creo que ese azul puede significar tantas cosas...
Puede ser libertad en toda su expresión,
pero también puede ser tranquilidad y paz en la vida...
no sé... muchas muchas cosas,
pero todas bellas y maravillosas.

Y por todo eso,
es que me tenía totalmente atenta a sus pequeños movimientos
(bueno, si es que los hacía,
porque seguía ahí... toda quietecita,
inmóvil...
como si se hubiera quedado ya como estatua
sobre la hoja del jardín en la que estaba)...

El caso es que,
cuando menos lo esperaba...
sencillamente voló con tal rapidez
que ya no pude darme cuenta hacia dónde se fué.

Pero, ¿saben algo?...

Sin querer, la mariposa azul me hizo la tarea,
¡en serio!

Porque cuando por fin voló,
me quedé pensando
en todo lo que ese azul tan profundo como increíble
me hacía sentir y desear.

Y al percatarme de mis pensamientos...
¡pues ahí estaba mi tarea!
Porque mi dí cuenta de que todo lo que pensaba
eran sentimientos que tan sólo verla,
se me veían a la mente y al corazón.

¡Gracias hermosa mariposa azul!
Porque me has enseñado que ciertamente...
los sentimientos pueden dibujarse
en la forma que tú tienes...
la de la belleza de una mariposa frágil y tierna
pero tan hermosa color del cielo o del mar azul.




viernes, 25 de noviembre de 2011

Querido Diario: Hoy ya no pude más...

Si te duele, no te quiere
(Fotografía: Malia León)


Viernes 25 de noviembre:


Querido Diario, no sé ni cómo fué que sucedió
pero finalmente pasó.

Hoy ya no pude más...
Armando llegó anoche igual, como todas las noches
desde hace ya más de 6 meses, totalmente borracho.

Nada más escuchar el motor del carro apagarse
en la cochera de la casa,
hizo que comenzara a faltarme la respiración.

Ya Minerva me lo había dicho una y otra y otra vez:
que desde que lo hizo al otro día de la noche de bodas,
toda mi vida estaba ya refrita.

No le creí, como siempre te dije,
porque de verdad que yo pensé
que como no supe hacer lo que me pidió,
yo lo había hecho enojar y que por eso
todo lo que había sucedido esa noche,
era por culpa mía, la verdad,
y que al paso de los días
mientras más nos compenetrábamos como pareja,
pues eso iba a ir cambiando hasta desaparecer
por el infinito amor que por mí sentía.

Pero no fué así.

De repente, un día así...
sin más ni más
me empujó contra la pared
porque vió una pequeña mancha
en su camisa que acababa yo de lavar
y aunque de inmediato me pidió perdón
y me dijo que no volvería a pasar,
volvió a suceder...
porque si algo no le gustaba o no le parecía
me pellizcaba hasta sacarme sangre
o me jalaba del cabello hasta que llorando,
le tenía que pedir que me soltara.

Luego fué una cachetada
que me dejó marcada su enorme mano
en todo el lado derecho de mi cara
antes de que me pegara la primera vez
con la hebilla de su cinturón
en las piernas 
y tuviera que faltar a trabajar
porque no podía ni siquiera caminar.

Y aunque estaba horrorizada,
siempre trataba de darle la vuelta a las cosas
pensando en qué errores estaba yo cometiendo
y que la tonta era yo
por no fijarme en lo que no le gustaba
y no saber cómo cuidar y tratar a mi marido.

¡Qué equivocación, Querido Diario!
Porque los golpes no me dolieron tanto
como cuando me dijo que ni como mujer servía
aventándome lejos de él,
diciéndome que hasta mi olor le molestaba
al grado de asquearle mi cercanía...
No sabes qué dolor tan grande
en mi corazón,
escuchar que ni siquiera para eso le servía
y yo que tanto le amaba y deseaba estar con él
para hacerlo felíz y demostrarle que a pesar de todo,
yo seguía siendo su mujer enamorada...

Y las ofensas, los insultos,
las groserías...
junto con golpes, flores y regalos
iban y venían como cosa cotidiana
mientras la comida regada por el suelo
y pegada embarrando las paredes
del comedor, la sala y la cocina 
empezaron a ser algo
muy frecuente y hasta normal para mí.

Pensé en su exceso de trabajo y lo estresante de la vida;
pensé en todo eso y mil cosas más porque
por supuesto que siempre me cegó la posibilidad
de pensar en que él cambiaría...

Y ya casi se me olvida decirte
que como bien sabes,
no es el único que trabaja y se cansa,
porque también trabajo y como él
todo el bendito día,
amén de llegar corriendo a casa
 y ponerme como loca histérica
a limpiar y a lavar trastes,
dejar la ropa en la lavadora,
recoger todo su maldito botadero
y hacerle la cena
para que no se enoje conmigo
y me pegue porque no está lista.

Pero hoy, desde muy temprano
el día comenzó mal porque todo fué horrible...
Armando despertó con un dolorazo de cabeza por la borrachera
y no se acordaba por qué le dolía tanto el brazo derecho.
Claro que no le dije que era porque me pegó
hasta que se cansó ayer
cuando llegó nuevamente alcoholizado y todo energúmeno
porque me encontró tallando su camisa vomitada
en lugar de poniendo la cena muy mona
para esperarlo sentadita y arreglada para él
cuando llegara.

Cuando Armando se fué,

¡me salí corriendo para ir a trabajar!
Pero no contaba con que el Lic. Díaz, mi jefe,
me estaba esperando junto al reloj checador;
 ya no se aguantó y muy enojado me dijo
que era mi tercer llegada tarde
a la oficina en la semana
y que no toleraría un retardo más...
pero, que lo que más le molestaba
era que por qué
otra vez iba yo golpeada a trabajar...
¡Te juro Diario, que sentí que me moría de la vergüenza!

Una y otra vez le dije que no sabía por qué me decía eso...
y que estaba equivocado;
que mi marido sí tenía el carácter muy muy fuerte,
pero que era un hombre maravilloso y que yo lo amaba
mucho más que el día en que nos juramos amor eterno;
que esos golpes que hoy tenía
eran porque otra vez, por descuidada,
me había resbalado en la escalera
cayéndome y lastimándome toda.

El Lic. Díaz movió la cabeza
como diciéndome  "qué mal mientes, Celia"
y externó:
"¿Amor eterno?..."
(y me lo dijo viéndome con mirada profunda
conteniendo una rabia infinita):

"Celia..." (y me invitó a sentarme
frente a él en su oficina),
"si te duele... no te quiere, Celia...
no te quiere, mujer, en verdad
¡cuándo te vas a dar cuenta de eso!"...

Yo me quedé mirando hacia abajo
porque no quería que me viera llorar
por el gran dolor no únicamente de los golpes
en todo mi cuerpo...
sino por el dolor de mi alma al verme descubierta
en mis mentiras y mi sufrimiento,
pero principalmente,
en mi cobardía de mujer maltratada
que sin saber cómo,
me hundía más y más y más...

"Licenciado..."
(y de verdad Diario, ya no pude seguir hablando
con mi voz de por sí entrecortada,
porque este dolor tan grande que traigo en el cuerpo,
en el alma y en mi corazón,
ya no me dejaron hacerlo)...

Sencillamente, Querido Diario,
el Lic. Díaz me dijo que si no me salía de mi casa
HOY MISMO...
que me despidiera de mi trabajo,
porque no me iba a recibir otro día más tarde
pero principalmente, golpeada y casi sin poder caminar.

Y lo que más me hizo reaccionar fué
que me dijo:
"Celia... quieres que ese hombre te mate, ¿verdad?
porque ya no tarda en lastimarte de otras formas
porque ningún hombre demuestra su amor con golpes
y maltratos...,
y ese individuo ni siquiera merece ser llamado hombre,
porque no es
sino un monstruo inhumano
que desquita su impotencia y mediocridad en tí
aniquilando lo poco que aún tienes
de orgullo y dignidad"...

"¿Quieres que te mate...?"...
("¿¿¿QUIERES QUE TE MATE???"
resonaba una y otra y mil veces más
en mi adolorida y confusa cabeza)...

Y ahora, Querido Diario...
con el permiso que me dió mi jefe
diciéndole a Minerva que me trajera 
de inmediato a casa por mis cosas,
me doy cuenta de que,
un segundo más aquí
era como firmar un pacto suicida con la muerte.

Por eso te digo, Querido Diario:
Hoy ya no pude más...
y le agradezco infinitamente a mi jefe
y a mi amiga Minerva,
que me abrieran los ojos a la posibilidad
de una vida digna, porque como ser humano,
la merezco...
y porque nadie tiene ningún derecho de poner la mano
sobre el cuerpo, sobre el alma o los pensamientos de los demás,
¡NADIE!...

Pero, ¿sabes?
Perdóname por favor por ya no escribir
aunque te lleve conmigo, Querido Diario,
sinceramente...
de verdad, hoy ya no pude más
y aunque me dió gusto tener el valor
de salirme de ese infierno...
te confieso que ahora estoy temblando
y la verdad,
me dan ganas de regresarme a la casa
porque tengo miedo...
mucho mucho miedo,
y es que cuando Armando se dé cuenta que no estoy
ni mi ropa ni mis cosas,
¡se a enojar muchísimo
y vendrá a buscarme
para castigarme, por no haber estado ahí
esperándolo con la cena lista...!



Por favor mujer,
no lo permitas
¡NI UNA VEZ MÁS...!

(Todos por una vida digna
sin violencia hacia la mujer
ni hacia ningún ser)