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lunes, 30 de enero de 2012

DARÍO (y el tradicional e histórico legado de los "PARACHICOS" de Chiapas)...





Little parachico Mexico
Fotografía de Thomas Aleto




Darío no sabe de nada que no sea ser felíz.

Darío llegó a esta vida como todo niño:
lleno de inocencia,
de alegre pureza y candor...
así como dotado de un corazón lleno de esperanza.

Todavía no sabe nada de esto, por supuesto;
Darío es un pequeño niño que ni siquiera camina ni habla.

Es solamente un bebé.
Un hermoso y tierno bebé...

Su madre, una mujer indígena de Chiapa de Corzo
(así se llama el bello y agreste lugar)
de las tierras más profundas de Chiapas,
era la orgullosa esposa de un "parachico"
-un danzante- cuyo mayor poderío era, precisamente, 
ser uno de los que mejor bailaban por aquellos lares.

Darío aún no lo sabe...
pero en su pequeño pecho cabalga la satisfacción
de ser uno de los que, en unos años,
también danzarán para seguir siendo el alma viva
del legado centenario que conjunta tradiciones con raíces,
fiesta con religión y agradecimiento por la vida y los dones otorgados.

La madre de Darío
le da de vueltas en la cabeza, 
al cuándo le hará saber de su fascinante herencia cultural;
piensa de qué maneras le platicará
la historia de que, cuando la conquista por los españoles
los ancestros chiapanecas, fundaron un nuevo pueblo,
su propia Chiapa a orillas del río:
Chiapa de Corzo, mientras los castizos tenían su propia villa:
San Cristóbal de las Casas llamándole su propia Chiapa.

Darío ni idea tiene, en su inocente corazón,
cuán grande es el legado en leyendas, en rituales y en danzas
que deberá también acrecentar 
con su propia participación como danzante.

Darío solamente sonríe;
no sabe tampoco de la leyenda aquélla de la dama española que,
buscando remedio para su hijo enfermo y casi moribundo,
llegó con los indígenas chiapaneca
preguntando por remedios, pócimas o bálsamos
que pudieran hacer algo por el infortunado infante.

Su madre, como le dijeron desde niña
-y como sabe que se ha dicho desde los tiempos de los ancestros,
que es una de las razones de que a los danzantes se les llame así,
PARACHICOS, porque lo que se dice y se cuenta-,
es que la mujer llegó buscando un remedio "para el chico" (su hijo)
y de ahí que, al recibir éste, los remedios de baños con hierbas
del curandero del lugar y milagrosamente comenzar a caminar,
la agradecida mujer, regaló víveres y provisiones a los habitantes
destazando una res diaria,
que ordenaba fuese repartida a todos los pobladores...
y que desde entonces, los hombres también agradecidos,
ataviándose como la dama y el chico 
(con máscaras blancas, semejando su color de piel)
bailan y bailan, agradecidos por los dones recibidos.

Darío ignora todo esto.
Darío ni se imagina lo que detrás de las amorosas manos de su madre
hay en historias de vida y de canto...
de música y de religión...
de agradecimiento a Dios y a la bondad del hombre que,
a pesar de también ser poseedor de todos los males...
sabe aquilatar lo que es recibido
para después, como bien cuenta la leyenda de esta señora,
multiplicarlo en lo posible para repartirlo a los demás.

Darío por ahora, únicamente sabe de estar con su madre.
Sabe de sentir el calor de su cuerpo a veces hambriento
y muchas otras enfermo por el exceso del trabajo...
pero finalmente,
aunque muy delgado y huesudo,
lleno de amor por su hijo y por la vida que le ha dado.



Con información de MÉXICO DESCONOCIDO.COM:


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