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jueves, 19 de enero de 2012

La buena tierra... (dedicado a la concientización hacia la hambruna en la sierra tarahumara y las Barrancas del Cobre, Chihuahua, México y de todas las personas en el resto del mundo)...




Niños rarámuris
Fotografía: GOOGLE IMÁGENES




Como todas las heladas mañanas invernales
típicas de esta temporada,
Sor María esperaba con ansia
(y con muchísimo frío, a decir verdad)
a todos los niños que día con día
desayunaban ahí, en la Misión.

Eran ya las 6 de la mañana
(y como en esta época "amanece más tarde")
todavía estaba todo obscuro
y la religiosa no podía ver casi nada.

Uno a uno fueron llegando.

Cuando se dió cuenta,
ya tenía a todo el chamaquerío ahí reunido,
demandante, alegre y con mucha hambre.

Sor María era muy jovencita aún.
No tenía mucho que la habían asignado a la Misión
que estaba fincada
(desde añosos tiempos de la evangelización)
en las hermosas pero tan secas tierras rarámuri.

Este invierno...
precisamente éste, estaba siendo uno de los más duros
e implacables de los que se tuviese memoria.

A últimas fechas,
Sor María había sido testigo de que cada día
llegaba -al menos-
un niño más que el día anterior.
Y al siguiente otro,
y al que le correspondía después otro más y así
interminable y tristemente.

Tristemente, porque la comida era la misma;
las cantidades de que se disponía en la Misión,
no podía aumentarse mágicamente
así, como día con día,
aumentaba el número de alegres pero hambrientos chiquillos.

No.

Y aunque el Padre Daniel también trataba
desde Parral y el Padre Felipe (desde Chihuahua capital)
de enviar más comida cada viernes,
Sor María veía con suma preocupación
que no le alcanzaba.
Así que, alegre y amorosa,
la joven religiosa hacía un poquitito más pequeñas las porciones
tratando de "estirar" el alimento
con tal de que todos comieran bien y rico.

Que si a los huevos le ponía ya no un chorrito de leche
(para hacer que rindiera más la porción cocinada o frita)
sino casi casi la misma cantidad que los blanquillos mismos...
que si a los frijoles pues de la misma forma,
¡a ponerles más harina o fécula, según tuviera
para que espesaran más y se pudiera dar a todos los niños!

Que si al atolito igual...
porque se le agregaba más agüita aunque quedara aguadito.

Las tortillas secas ya no se daban por mitad;
de un tiempo a la fecha se repartían pedacitos...
como pequeños "totopos" (como se les conoce
a los trozos de tortilla seca o tostada
en casi todo el resto del país)
para que todos comieran un poquito.

Ahora que, las cobijas, sábanas
y la poquita ropa que le mandaban a la religiosa
tampoco eran de mucha ayuda;
las mujeres que regresaban de intentar vender
algunas canastas en los caminos cercanos a las carreteras
o a los pocos turistas que deambulaban por los lugares,
regresaban de su labor,
unas por su hijos
y las otras, con la esperanza en el corazón
(y en el pensamiento)
de que Sor María les pudiera convidar alguito
para llevarlo a las precarias chozas
que llamaban hogar.

Sor María había ya intentado todo:
de hecho, seguía haciéndolo...
ya fuera escribiéndole a sus superioras a la Cd. de México;
ya fuera mandando cartas a todos los que podía,
desde los presidentes municipales,
hasta al Gobernador y al mismito Presidente de la República.

Y aunque al principio, la ignoraban,
ahora con la noticia en todos los canales de México
y del resto del mundo de que había mucha hambre
y falta de agua en la sierra tarahumara...
pues Sor María estaba un poquito contenta,
porque los ojos del planeta entero estaban puestos
en todas las carencias, la pobreza extrema
y las necesidades de esta gente tan buena
y tan trabajadora.

Y ya habían anunciado que enviarían camiones con comida
y con agua, además de ropa y demás víveres y hasta medicinas.

Pero Sor María también tenía estremecido el corazón
con la noticia de que la buena tierra
se estaba muriendo y con ella,
todo lo poquito que ésta daba...
desde los flaquísimos animales,
hasta los pequeños niños que ya no estaban resistiendo
como antaño y como era usual saber que aguantarían.

Así que Sor María...
espera ansiosa y expectante,
que estos días de mucha tele y noticias de los tarahumaras
y de la necesidad en las tierras rarámuri...
la ayuda llegue y a manos llenas,
porque aunque los corazones se alegran con las palabras
los estómagos necesitan alimento y agua
más que buenas intenciones y discursos promisorios.

La buena tierra
ha de recobrar sus añorados frutos...
sólo es cuestión de tocarnos el corazón
y de que quienes tienen la posibilidad de ayudar
y de propiciar condiciones más humanas para toda esta gente buena,
lo haga más allá de conferencias de prensa
o declaratorias de compromisos televisivos.

La conciencia social es asunto de todos...
no únicamente de Sor María
o de toda la gente que por años,
ha vivido con esta preocupación en el alma.





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