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miércoles, 11 de enero de 2012

Una historia entre libros...



Fotografías:
GOOGLE IMÁGENES

 

No bien había yo abierto uno de los libros
que mi abuelo me había regalado,
un gran aburrimiento me invadió por completo.
Me sentía mal con mi pobre abuelo;
él siempre tan culto y tan lleno de conocimiento
por todas partes que se le viera.

¿Qué poderle hacer?...
NI modo.
Yo salí a mi tío Rodrigo, todo botarate
-según me decían todas mis tías
desde que tengo uso de razón-
ya que él era hermano gemelo de mi mamá,
igualitos en la cara, las manos,
el color del cabello y hasta los gestos...
¡pero tan diferentes en forma de ser
y en maneras de ver la vida!

Y sí me gusta leer...
pero no así, que digamos como para comerme
los 5 libros que me trajeron mis abuelos
ahorita que regresaron de Puebla.

En fin.

 



Ya en mi habitación
y con mi bonche de libros a cuestas...
me boté en mi cama
con toda mi exposición de libros nuevecitos
y cuatro de ellos,
aún con el plástico puesto
(siempre me regañan que diga "bonche"
en lugar de utilizar el plural de la palabra
o ya de perdida, que no diga ni siquiera "montón")...

Pero bueno,
la cosa es que comencé a "intentar" hojear los libros
-siempre peleo con mi abuela diciéndole
que está bien decir (y escribir "ojear" sin la "h"
porque yo estoy con mis "ojos" viendo todo,
pero ella me insiste en que "hojear" es con "h" porque se trata
de pasar las hojas de un libro... ¡qué enredo!)-
pero el caso es que,
cuando ya los estaba revisando y quitándoles
los plásticos con el precio y todo eso,
ví algo que me llamó mucho la atención.







Uno de los libros que me habían traído
tenía un título muy sugerente...
con algo de lo que yo había -de mucho tiempo atrás-
pensado y hasta soñado innumerables veces.

El libro del que les hablo se llama:
"EL ASESINATO DEL PROFESOR DE MATEMÁTICAS",
de un escritor que no conocía con un nombre raro,
Jordi Serra i Fabra...
al que nunca había escuchado mencionar
¡pero a quien le agradecía de antemano
me diera una guía escrita para hacer
lo que tenía meses quería planear!

La escuela no me gusta mucho tampoco
(otra de las "herencias" de mi tío Rodrigo, ja...)
pero la verdad... nunca había yo odiado tanto a nadie
como odiaba al insoportable maestro de Matemáticas
¡se los juro!
No lo soportaba...
¡era la cosa más densa del mundo!

Y de un tiempo a la fecha,
estaba yo a punto de renunciar a la escuela
a pesar de los problemas aquí en casa
con mi madre, mis abuelos ¡y las tías que se meten en todo!
Y por la culpa de ese maestro.
Incluso, le había dicho a Fito, mi mejor amigo,
que ya me había resignado a reprobar no solamente el curso
sino todo el año escolar,
porque el maestro se pasaba... ¡en serio!
Yo ya le había dicho que me chocaba su materia
porque no entiendo nada de polinomios y binomios
y todas esas cosas espantosas... ¡me hago bolas!

La cosa es que,
ahora... ya tengo algo que puedo planear
para deshacerme de mi maestro
¡y con toda seguridad que Fito también me va a ayudar!
Solamente tendré que leer este libro y ya...
¡problema resuelto!
Y hasta mis abuelos se pondrán contentos
de ver lo rápido que leo esta cosa...






Han pasado ya varios años desde que mis abuelos
llegaron de Puebla con varios libros bajo el brazo;
para mí, fué una primera y gran experiencia maravillosa
con el mundo literario
porque gracias a mi loco plan
de deshacerme de un maestro
en mi secundaria,
comencé a adentrarme en el mundo de los libros
y sus colores, sus aromas...
sus historias y su mar de vida
entre hoja y hoja.

Adolfo (Fito) sigue siendo mi mejor amigo
y hoy es su graduación como abogado;
yo casi termino la universidad en Letras Españolas...
¡quién lo iba a decir!
y uno de los invitados a la ceremonia de graduación
es, ni más ni menos, que el Sr. Hernández,
nuestro odiado (y a punto de pasar a mejor vida)
maestro de Matemáticas de la secundaria.

Después de que yo leí ese libro
(el de Jordi Serra
que me regalaron mis abuelos)
se lo pasé a Fito, para que entendiera el plan...
y de ahí, yo comencé a leer otro y luego otro
(pasándoselos también a Fito
luego de que yo los terminaba).

Al cabo del tiempo,
entendimos cuál era la intención de nuestro odiado maestro
y nos acercamos a él;
nos sorprendió que amable y fuera de clase,
siempre se quedara a explicarnos, para al tiempo,
hacerse también nuestro orientador, guía y amigo.

Así que, gracias a un fallido asesinato de mi detestado profesor,
me volví un ávido lector de historias entre libros...
y sí, entre más pasa el tiempo,
más parecido soy a mi tío Rodrigo, incasable e incorregible
pero también, excelente profesor de Literatura
y amante de los libros y de sus historias...
como ahora lo soy yo y como espero que algún día
también lo sean los hijos que desearía tener.

¡Gracias Jordi Serra
por evitar mi primer asesinato
y hacerme un amante de la literatura!



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