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lunes, 27 de febrero de 2012

Aquéllos años inolvidables...





Mar Menor
(Águeda Carrasco)




Abrazándome a los recuerdos...;
entre las memorias de un no me olvides
y un sin número de simplicidades hechas detalle,
están aquéllos años inolvidables.


Los años donde todo era felicidad y esperanza...
los años donde no había más necesidades
que las que se cubrían con nuestra mirada
al posarla en el horizonte del mar azul que nos deleitaba
con su acompasado ir y venir de las olas silentes.


Los tiempos más hermosos de nuestras vidas
estaban todos juntos,
como si en un pequeño saquito 
hubiésemos intentado guardarlos
todos juntos, toditos en verdad,
para evitar que alguno de ellos pudiese escaparse
(o intentara hacerlo -siquiera-).


El eco de las voces de niñez
también se hacía presente en esa hermosa playa,
donde de igual manera, los murmullos y las pequeñas risas
también parecían reproducirse en la sonora caracola
que a mi paso encontraba cada vez que caminaba
por la suave y blanca arena de la playa nuestra.


Miro de reojo
y sobre las huellas de mis pisadas
también imagino ver las huellas de cuando niños
jugábamos en ese mismo mar de arena y sal;
cuando todo se resumía a castillos frágiles 
y batallas inacabables donde el enemigo a vencer
no era otro, sino las inmensas olas del mar...


Realmente la vida es pródiga y hermosa;
y esos años inolvidables me visitan de vez en vez
en la forma de un recuerdo imborrable
o quizá, en el añorado eco de las olas del mar.


Y sonrío y soy felíz...


Porque siempre atesoraré dentro de mi corazón,
el que haya podido vivir y disfrutar
de la maravillosa experiencia de ver nacer el alba
a la orilla del inmenso mar
dejándome acariciar por las sutiles y cálidas olas 
que hasta mis pies llegaban
para con la misma rapidez,
volverse a desvanecer...
así como dejo que estos imborrables recuerdos
lleguen a mi vida,
cuando siento que la fatiga y el cansancio del alma
a veces se vuelven más fuertes que mi propia existencia.







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