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martes, 14 de febrero de 2012

Oswaldo y su primer 14 de febrero...





Fotografía:
GOOGLE IMÁGENES




Era muy de mañana y Oswaldo ya estaba listo.

Mucho más temprano de lo que normalmente sucedía,
el adolescente ya estaba bañando, con olor a loción
(cosa fuera de lo común, porque no era muy amigo
de andar así... todo oloroso a limpio y a jabón, que digamos)
y ansioso por salir para la escuela.

No sabía por qué, pero tenía muchos días esperando la fecha:
¡hoy era 14 de febrero y por fin  podría darle a Clara
lo que con tanto cuidado había guardado para ella!

Oswaldo, a sus 13 años,
ya comenzaba a distraerse en clase 
concentrándose en algo
llamado Clara 
(porque así él mismo lo decía...
que no era posible que por una cosa 
que en realidad "sólo" era una niña,
él se estuviera distrayendo mucho más de lo acostumbrado)...

Para este chiquillo, el despertar hacia este tipo de asuntos
"de la vida de la gente grande"
como sus mismos amigos, molestos -a decir verdad- decían,
se estaba haciendo ya algo fastidioso.

Durante más de tres semanas,
Oswaldo ya ni quería ir a jugar en la privada de la calle
donde vivìa (y donde también eran sus vecinos
Paco y Gerardo, sus grandes amigos desde muy chiquitos todos).

Y ellos no entendían por qué ahora,
su amigo y gran portero (porque eso era lo que más les dolía,
que ya no tenían portero en las "cascaritas" de la cuadra)
no quería hacer otra cosa más que pensar en Clara
y dibujar corazones por todas partes de los cuadernos
¡en lugar de hacer la tarea y tomar los apuntes de la clase!

Así que...
¡finalmente el gran día para Oswaldo había llegado!
Presuroso tomó el camión que le llevaba al colegio
y muy cuidadosamente, trataba de que el paquete que llevaba
no se maltratara pero ni por casualidad.

Y...
¡ahí estaba!
Clara, la niña de ojos enormes y sonrisa encantadora
estaba sentada en su  banca del salón
junto a sus demás amiguitas 
intercambiando tarjetas de felicitación
precisamente por el día de la amistad.

Todo estaba listo...
tenía el plan perfecto:
los muchachos del tercer grado de secundaria
habían organizado para el receso de clases
un pequeño evento donde quienes quisieran, 
podrían enviar saludos, felicitaciones y hasta dedicatorias
de canciones románticas para esas personitas especiales.

Y entonces ya no habría nada que pudiera hacer
que Clara no supiera cuán grande era el amor que sentía
(de mucho tiempo atrás, exactamente, dos semanas)
por ella y por sus enormes y lindos ojos brillantes.

Y así transcurrió el primer 14 de febrero para Oswaldo
y su recién estrenado corazón,
mismo que, estaba ya destinando
a la hermosa niña de la sonrisa encantadora.





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