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martes, 7 de febrero de 2012

Tiempo de amar...





Camellia's time
Fotografía de Alda Cravo-Al Saude




Camila dejó la mirada fija en la fotografía;
era la milésima ocasión 
(por citar un número, nada más)
en que la veía sin decir palabra.

La profunda noche se hacía aún mucho más silenciosa...
tenía meses pensando en lo que le gustaría hacer,
mas, no tenía el valor para tomar la decisión
del cómo hacerlo.

Y por eso es que, innumerables veces intentaba darse valor
viendo la fotografía que, ya añosa,
comenzaba a evidenciar el inevitable paso del tiempo
a pesar de que cuidadosamente,
Camila trataba de que no se maltratase
ni se empolvase, protegiéndola afanosamente.


Eran los tan esperados días de febrero...
Esperados y anhelados;
anhelados y temidos...
temidos y tan acongojados.

Porque de nueva cuenta,
otro año iniciaba ya, en su segundo mes 
y la situación era la misma...
dejar pasar el tiempo o,
tomar una decisión de vida,
porque realmente se trataba de su vida
atada a un recuerdo que,
tal vez, únicamente existiese en sus propios sueños.

Sus propios sueños...
¡cómo le dolían sus esas mismas palabras!
Porque tan grande era la verdad que encerraban
como la tristeza de su desolación al interior.

El corazón se le estremecía cada vez que,
como solía suceder en los últimos tiempos,
también escuchaba las voces que eran no tan sólo de ella,
sino de los dos...
de aquéllos tiempos en que su alma y su vida
eran también parte de otro ser y de otras pulsaciones...

Voces de vida...
voces de esperanza,
voces de soñada ilusión.

El tiempo de amar siempre ha estado presente...
mas, el infortunio de amar sin ser amado,
no era lo que desde niña deseaba para su vida y su corazón.

Cuando precisamente ése tiempo de amar
ya no es un tiempo que se conjugue en un nosotros...
la cuestión es más que clara:
dejar de pensar en un nosotros
para nuevamente convertirse en un yo en redundante solitario.

Y para Camila,
ésa era la deliberación que en su mar de sentimientos encontrados
no quería aceptar...
por más que las ya inexistentes cartas y llamadas,
se lo hicieran saber a cada minuto de su triste existencia.

Finalmente...
haciendo por última vez un gesto de resignación
hizo a un lado la tan agobiante fotografía guardándola
en el fondo del escritorio
con la firme convicción de no volverla a ver,
cuando menos, 
en mucho mucho tiempo hacia adelante...

La noche solitaria había dado también la calma necesaria
a esta mujer tan llena de amor y de deseos de compartir
más que palabras, sueños y planes a futuro,
la tajante resolución de poner un punto definitorio 
a la vida en paralelo que, 
de varios meses atrás,
llevaba anidando un amor sólo de ella...

Ahora sabía que todo cuanto podía dar
debía ser respetado y valorado...
cuidado y más que nada, correspondido en la misma forma
y en la misma mágica y entregada magnitud.
No había más que pensar
y no había más vueltas del corazón que dar.

Ciertamente el tiempo de amar estaba presente
como ayer, como siempre y como hasta el fin de la eternidad...
mismo que estaría dispuesta a vivir y a esperar
para ahora sí,
compartir no solamente sueños en vida,
sino una vida de dos hasta que el horizonte de su existencia
amorosamente lo permitiera.



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