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viernes, 30 de marzo de 2012

Esperando...






LOUNGING
Fotografía de 3AMMO


Los tres muchachos estaban ahí;
tenían rato ya de estar esperando y platicando.
O platicando mientras esperaban
o platicando y esperando.
¡En fin!

El evento parecía ser uno más de los muchos  
a los que la gente
de su edad iba y acudía;
y sin embargo para los tres, 
(y en realidad para la mayoría
de quienes ahí estaban)
no tan sólo era una noche más.
No.

En esa ocasión la reunión era por fines bastante humanitarios
lo cual, no era muy común en jóvenes un tanto alocados
y hasta, las más de las veces, algo irreverentes.

Los tres chicos estaban esperando a que un empresario filántropo
se reuniera con ellos en el lobby del lugar;
la cuestión era simple:
se había organizado tal evento con la finalidad de ayudar 
a uno de los compañeros de la escuela quien, 
a causa de alcohol y la inconsciencia,
habìa tenido un terrible accidente en el que,
aunque habìa sobrevivido, 
también había perdido algo más 
que la movilidad de las piernas:
la valiosa y querida vida de sus dos mejores amigos.

Así que los chicos se organizaron para hacer una fiesta
donde no habría alcohol ni ningún tipo de bebida embriagante,
porque también querían aprovechar tal ocasión,
para hacer reflexionar a todos que, la combinación
del alcohol y del volante, jamás sería buena fórmula para nadie.

Y esperando todos estaban
a que llegara tan generosa persona quien,
ayudaría a que su amigo en desgracia
pudiese ser operado de emergencia
y en el mejor hospital del país a la brevedad.

Y así continuaron los chicos,
esperando y cavilando...
pensando -entre pláticas y conversaciones informales-
a que no únicamente con el empresario llegara el dinero
sino también, parte de la responsabilidad en el sentido estricto
de no tomar jamás cuando se sale a divertirse
o cuando se tratase de manejar.




domingo, 25 de marzo de 2012

Los días a medio vivir...



Um clima
Fotografía de Alexandre Hideki




La mesa casi vacía...
¿El lugar?
Aún sin comensales
y sin prácticamente nada de lo que consideramos
parte de lo que a cualquier lugar público da vida.

Volvamos a la mesa;
dije casi vacía, ¿verdad?
Pues bien, cierto es:
casi...
porque lo que ya está dispuesto
es la solitaria y gastada vela
que da un pequeño toque de intimidad.

Y así una tras otra;
cada mesa está lista para recibir
a sus invitados de lujo
como cada noche
donde habrá -seguramente- de todo un poco:
tanto risas como sonoras carcajadas...
reuniones de amigos del pasado
como pleitos inevitables.
Negocios inconclusos;
traiciones fraguadas...
o declaraciones de amor
y rupturas inesperadas como dolorosas.

Quizá para alguien
los días son así,
como se vé en las velas
ahí dispuestas y a medio toque:
días monótonos y rutinariamente grises
con un poco de luminosidad
que es movida por el leve viento;
días a medio vivir
esperando -tal vez-
que el viento no sople o siga soplando 
(como es lo usual)
siempre en la misma triste dirección.

¿Cómo poder saber lo que para cada mesa
depara el destino a cada momento
de vida infinita?

¿Acaso habrá forma alguna de poder adivinar
las historias de vida que cada una de esas mesas
atesoran a pesar de que,
lo más probable, es que haya cosas
que en realidad se torna triste el recrear?...

Los días a medio vivir
son los días de todos los días.
O cuando menos,
para mí que al margen de todo
veo todas las cosas,
esperando (en verdad)
que a cada mesa hoy llegue gente alegre
con los corazones rebosando felicidad
para que solamente por este día,
haya nuevas historias agradables
y distintas qué contar.









viernes, 23 de marzo de 2012

La discusión...



 


 
Fotografía:
3AMMO



La discusión se estaba tornando tortuosa;
tenían más de dos horas tratando de llegar a un acuerdo.
Y no.
Nada; nada que las cosas se calmaran.

Evidentemente,
la chica del frente, acalorada y moviendo las manos,
intentaba convencer a su interlocutora
de algo que, al parecer, no daba resultado.

La otra muchacha, aunque realmente no podía verla bien,
seguro estoy de que debía tener el rostro serio y molesto;
y lo digo con tal certidumbre porque la ví varias veces,
mover la cabeza como negando todo lo que escuchaba.

La del frente, parecía perder casi la paciencia;
gesticulaba exageradamente mientras daba sorbos al café helado.
La otra, por el contrario, casi no hablaba
y creo yo debía tener un temple de acero
y una paciencia infinita para soportar el discurso necio
(a mi parecer por el tiempo que llevaban ahí)
de la otra que, toda alterada, decía y vociferaba
cada vez con voz más alta.

Tanto los demás parroquianos
como los jóvenes meseros que atendían el lugar
de repente cruzaban miradas significativas conmigo
y con todos los demás, porque realmente esto se estaba haciendo
cada minuto más molesto e incómodo para todos.

Cuando pasaron casi otros 30 minutos
de estoica paciencia de la chica callada
y de puro bla,bla,bla de la otra...
estuve a punto de levantarme para pedirles,
de la manera más atenta,
que siguieran su "plática tan personal"
en otro sitio para que se sintieran más cómodas
-aunque en realidad, lo iba a hacer por nosotros
los comensales, no tanto por ellas, en verdad-,
sin embargo, algo sucedió de repente
que hizo que todos calláramos y discretamente,
hiciéramos como que no nos dábamos cuenta de nada.

La chica alterada...
sí, la que no paraba de manotear, gesticular ni hablar,
de súbito comenzó a llorar y a llorar.
Su amiga, le estiró la mano
y de forma cariñosa, comenzó a hablarle...
como queriendo calmarla diciendo que, tal vez -pienso-
todo estaría bien.

La muchacha que lloraba
le decía que no había sido su intención lastimarla...
(nadie de todos los ahí reunidos
sabíamos a qué se refería, pero realmente ya
estábamos tan adentrados en su drama
que, sinceramente pienso que aliviados,
queríamos que todo acabara...
y que terminara bien para las dos)
e insistía en que olvidara todo
y que por favor la disculpara.

Todos evidenciamos la nobleza del alma
de la otra muchacha:
la chica se levantó de su lugar y con mucho cariño
la abrazó diciéndole que no nada más eran amigas,
sino que recordara que siempre seguirían siendo hermanas
y que la familia perdona todo y permanece eternamente junta.

Y se fundieron en un cálido abrazo...
un abrazo que puedo asegurar,
todos disfrutamos y valoramos,
porque ciertamente, ningún problema,
ninguna situación...
ninguna nada, debe ser más fuerte
que el amor y el cariño de los hermanos
donde siempre debe prevalecer
la familia por sobre todas las cosas.

Y viendo tal escena,
de un sorbo grande terminé mi espresso
y dejando el pago al joven que me atendió,
me levanté de la silla
con una sonrisa genuina y satisfecha en mi rostro...





miércoles, 21 de marzo de 2012

La pequeña lectora...


Fotografía:
Google Imágenes




Después de tanto y tanto meditar
qué libro sería el mejor para llevárselo al jardín,
la pequeña niña se dispuso, cual formal lectora,
a iniciar su viaje hacia la literatura.

No era difícil verla en esa situación
(ni mucho menos en esa postura
en la parte trasera del jardín de su casa)
donde tarde a tarde, después de las tareas de la escuela...
se preparaba para, sin que nadie la interrumpiese,
iniciar una lectura más.

Muy chiquitita había aprendido a leer;
ciertamente, le gustaba hacerlo y disfrutaba intensamente
de las historias de castillos, de princesas y de apuestos príncipes
que noche a noche, su cariñosa madre le contaba amorosa,
con la finalidad de que la nenita tuviese dulces sueños.

Y así, el gusto se volvió un hábito
y el hábito rutinario,
al paso de los días y los meses,
se convirtió en la absoluta pasión
de su corta vida.

Florina -a quien no se sabe por qué carambas
le decían desde muy niñita Pita-,
era una ávida lectora de no únicamente libros de aventuras
o de amor donde el príncipe apuesto y galante,
salvaba siempre a la dulce, indefensa e inocente princesa.

¡Por supuesto que no!
Ahora también disfrutaba como no se imaginan
de las lecturas un tanto más profundas y a la vez
con matices emotivos y hasta dolorosos,
en libros clásicos como los de Mark Twain o Charles Dickens.

También, tiempo le faltaba para concluir uno a uno
los libros que, en casa de sus padrinos, siempre encontraba:
ya fuesen de Julio Verne, de Emilio Salgari o de Walter Scott,
por mencionar solamente a algunos de sus autores favoritos.

Y a pesar de su corta edad,
Pita también ya había comenzado a leer los tradicionales clásicos griegos:
por ahora, el libro que ocupaba todos sus afanes
(y también todos sus espacios libres después de la tarea)
era la Odisea donde estaba maravillada por adentrarse a un mundo
de dioses y de seres mitológicos;
de monstruos terroríficos y de hermosas musas,
así como de batallas épicas entre los dioses y los humanos.

Para Pita no había mayor goce en sus alegres días
que leer, leer y leer...
tanto así que últimamente, ya no salía a jugar
con los niños de la cuadra,
cosa que realmente
comenzaba a preocupar a su joven madre quien,
efectivamente se encontraba muy orgullosa de su pequeña lectora
pero, también estaba algo preocupada porque Pita
ya no quisiera ni convivir con los demás niños de su edad.

Sin embargo, al ver la carita de felicidad de Pita,
su mamá dejaba de preocuparse tanto...
total, quizá más adelante la nena se diera tiempo
tanto para continuar con su amoroso gusto por la lectura,
como para también convivir y jugar con sus amiguitos.
¡Cosas de niños!

Y así...
la dulce y pequeña Florina...
Pita, para su mamá y sus amiguitos
(y todos cuantos la conocían)
mientras los demás niños correteaban por doquier,
continuaba acercándose más y más,
al maravilloso mundo de los libros de esa manera...
haciendo suyas las historias que de cada mágica página
se desprendían para llevarla hasta los rincones más lejanos
del mundo de la historia, la fantasía y la hermosa imaginación
porque ella había nacido para ser, desde muy chiquitita:
la pequeña lectora...








lunes, 19 de marzo de 2012

TU VOZ...




TU VOZ
Erik Rubín
(Sony E. 2010)



 

Creo que el título de esta canción lo dice todo;
y es que hablando de la persona amada,
el simple hecho de evocar el sonido de esa voz anhelada
puede cambiar absolutamente todo cuanto haya a nuestro derredor.

En realidad, no sé cuántas maneras de decirlo existan;
sin embargo, el simple hecho de pensar y en nuestro interior
nuevamente escuchar y recrear el sonido vibrante de la voz
de quien ansiamos tener al lado -y quizá si no para siempre,
cuando menos durante muchos muchos años más-
puede marcar la diferencia entre un día soleado
y un nuboso horizonte de vida.

A muchos de nosotros,
(me atrevo en verdad a probablemente asegurar)
incluso, a la distancia...
el esperar a que, al través del mágico teléfono,
suene la voz que a nuestros oídos, es la voz más melodiosa
y maravillosa de todas cuantas hayamos tal vez escuchado en nuestra vida
hace que todo cobre un nuevo giro
y que atesoremos esperanzas de una felicidad infinita.

La música, la letra... la manera en que todos
podemos interpretar y reinterpretar lo que estamos escuchando
es para mí lo valioso de esta melodía.
No me interesa si quien la interpreta no sea tan famoso
o que hasta ni siquiera sea mucho de mi predilección.

No; lo que me gusta es lo que a partir de escucharla
mi vida y mi corazón evocan hasta perder el control de mis sueños
y pensamientos más añorados...
deseando pudiesen hacer realidad todo cuanto con el simple
recuerdo de tu extrañada voz,
nuevamente, me hacen sentir, soñar
o inevitablemente... amar.

Porque jamás mi enamorado corazón olvidará
lo que para mí significa recordar y por siempre decir: TU VOZ...