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viernes, 2 de marzo de 2012

Escondida...




Hiding...
Fotografía: ommphoto



La pequeña catarina decidió permanecer así...
escondida -según ella, claro está-
para pasar del todo inadvertida.

Al hermoso girasol la situación le daba risa;
los vientos de los últimos días habían sido bastante descorteses.
Con todo el impetuoso empuje de su novatez,
las juveniles ventiscas, no repararon en que,
sin quererlo así,
habían dañado a las flores que a su paso se encontraban,

El hermoso girasol entendió que por el momento 
tendría que quedarse un poquito deslucido.

Así que mucha risa le causó
el que la pequeña catarina
quisiera esconderse entre sus no muchos pétalos.

Sin embargo, la hermosa catarina
le dió una gran razón para considerar ese lugar
como un muy buen escondite:
era donde más podía resguardar 
su tan brillante color.

El girasol no comprendió;
pensó que realmente, lo que iba a suceder
sería total y absolutamente todo lo contrario.

Pero la catarina le dijo que sí,
que ahí se quedaba escondida de los penetrantes rayos del sol
que siempre le perseguían, porque ahora,
había encontrado el lugar perfecto
para que el mismo sol, quisiera conjugar su calidez
con el hermoso color de los pétalos del bello girasol.

Y ahí fué donde comprendió el girasol
de quién se estaba escondiendo su pequeño 
y muy vistoso amigo:
no de los demás insectos,
no de algún depredador...
sino más bien, de la cálida presencia del sol
que buscaba el color de la catarina
para hacer sentir más fuerte su presencia.

Y desde entonces, 
la catarina y el girasol
hicieron la fusión más increíble
de ser un vistoso escondite para el candente y agobiante sol.





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