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martes, 6 de marzo de 2012

JUNTOS, ESPERANDO EL BESO DE MAMÁ...


Just the two of us...
Fotografía: DITAO




Tarde a tarde, el hombre junto con su pequeña hija
se sentaba ahí, en la orilla del puente,
para poder observar cómo cambiaban los colores de la tarde
y recibir así, una noche más, los dos juntos.

Era tan habitual el verles así,
el uno al lado del otro;
tenían ya varios años viviendo su soledad compartida
ya que, a poco de haber nacido la chiquilla,
la madre no soportó los embates de un padecimiento añejo
y murió con su bebé en los brazos.

Al joven padre le costó mucho trabajo entender la situación;
y cuando ya parecía comprenderlo y aceptarlo,
se le presentó el problema de tener que explicar a la niña
el cómo aceptar su vida los dos solitos,
sin la amorosa presencia de la joven madre.

Sin embargo los caminos de Dios son tan inexplicables...
que poco a poquito, el buen hombre fué hallando formas
y maneras dulces y amables,
de hacer sentir cada vez menos
el inmenso dolor de la inevitable ausencia materna.

La candorosa niña entonces,
ya había aprendido a vivir con su amado padre
quien en realidad, no había dejado de ser un muchacho enamorado;
un joven profesor que en sus ratos libres tocaba la guitarra
y gustaba también de componer canciones y poemas
mirando la puesta del sol
desde ese viejo puente que quedaba camino a casa.

De esa manera,
nuestra pequeña niñita aprendió también -día con día-
a esperar el atardecer sentadita ahí,
junto a su padre quien parecía dejarse llevar el alma
con cada movimiento leve del agua cristalina...
cuando no había guitarra que tocar
ni letras o poemas que inventar.

Sólo los dos...
Siempre tenía esa frase el muchacho vuelto hombre
ante su pequeño pedazo de cielo.

La chiquita adoraba a aquél individuo
que tanto y tanto amor le prodigaba;
para ella era su todo
porque sabía también, a pesar de su corta edad,
lo mucho y profundo de su sufrimiento
ante la circunstancia de que faltara  su mamá.

Y así esta inusual pareja
continuó yendo tarde a tarde
(después del trabajo de papá,
a decir de la cariñosa pequeña)
a esperar pacientemente la caída del cálido sol
para abrazar amorosamente la noche...
ésa noche que cotidianamente
les protegía con su manto de estrellas
depositando como suave brisa nocturna
un delicado y amoroso beso materno
que provenía del cielo con bendiciones eternas para ellos.







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