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jueves, 15 de marzo de 2012

La primera rosa...




Fotografía:
GOOGLE IMÁGENES



Lo recuerdo perfectamente:
la primera vez que alguien me regaló una rosa roja
fue una de las sensaciones más inexplicables, 
dulces y tiernas que en toda mi vida he podido experimentar.

En realidad, creo que no tenía edad aún 
para recibir (y más que eso, para entender)
el significado de que alguien te regalara una rosa roja...
porque por supuesto que la recibí 
de un muchacho bastante mayor que yo.

Cinco años de diferencia entre un chico y una chica
honestamente no es mucho;
sin embargo, cuando tienes 12 años
y el chico en cuestión ya tiene 17 -casi 18-,
pues... esa diferencia sí es bastante notable.

Pero, a decir, verdad...
él era un muy buen muchacho en todo sentido;
muy educado, muy gentil y caballeroso
y, principalmente, muy consciente del "pequeño" detalle
de la diferencia de nuestras edades.

Y con todo y todo,
(y a pesar de saber que no podríamos ser más que amigos
tanto por mi corta edad como por la falta de permiso
de mis padres quienes nos permitían ser amigos
pero solamente amigos y nada más)
él fue la primera persona que veía en mí
no nada más a la niña tierna y delicada...
sino tal vez... a futuro...
a la novia cuidada y anhelada que en algún momento dado,
todos los chicos y muchachos sueñan con tener.

Y fue un tiempo maravilloso de amistad infinita;
de risas alegres y de reuniones con amigos 
entre los que estaba él, ...siempre él
con su sonrisa afable y con su paciencia inacabable.

Pasamos momentos tan inolvidables
así como ahora añorados;
eran tiempos en que todavía
la amistad entre un muchacho y una chica casi niña
sí podía ser y donde había de todo,
pero principalmente un respeto absoluto, 
total obediencia a disposiciones paternales 
y toda clase de principios éticos
resumidos en sencillamente ir todas las tardes
a saludar o simplemente, aparecerse ahí
por estar junto a quien se deseaba estar,
no importando el tener que pasar la tarde
viendo películas de caricaturas
o incluso, ayudar en la mudanza al padre de la niña en cuestión.

Y sí...
mi primer ramo de flores,
cuando cumplí 13 años, por supuesto que fué de él;
y hasta conservo aún la fotografía mía con uniforme
(y llegando de la escuela)
con la expectación de saber que había un ramo de flores para mí.

Canciones, anécdotas y bromas;
una final de un campeonato de Judo
y tantas y tantas cosas más...

Todo eso forma parte de mis más atesorados recuerdos
junto con la primera de una infinidad de rosas rojas...
la primera señal de un cariño limpio y puro,
como puro sería el recuerdo de todas esas vivencias
ahora, muchos muchos años después.


Y aunque jamás fuimos más que realmente amigos
siempre te llevaré en el fondo de mi corazón...
Y sí...
Yo te agradezco a tí,
tanto y tanto cariño
así como tantos recuerdos imborrables
como inevitablemente emotivos...
porque formas parte de mi vida en mi adolescencia temprana
y porque la primera rosa que recibí,
realmente fué una rosa que nacía del interior
de alguien bueno, dulce y generoso como tú.

Por todo eso y muchas muchas cosas más...
como toda tu dulzura,
toda tu paciente espera...
todos tus delicados detalles;
todo el respeto y atenciones hacia una niña
que comenzaba a soñar con ser mujer...
mil y un gracias hoy
y para el resto de la infinita
y maravillosa eternidad.





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