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domingo, 25 de marzo de 2012

Los días a medio vivir...



Um clima
Fotografía de Alexandre Hideki




La mesa casi vacía...
¿El lugar?
Aún sin comensales
y sin prácticamente nada de lo que consideramos
parte de lo que a cualquier lugar público da vida.

Volvamos a la mesa;
dije casi vacía, ¿verdad?
Pues bien, cierto es:
casi...
porque lo que ya está dispuesto
es la solitaria y gastada vela
que da un pequeño toque de intimidad.

Y así una tras otra;
cada mesa está lista para recibir
a sus invitados de lujo
como cada noche
donde habrá -seguramente- de todo un poco:
tanto risas como sonoras carcajadas...
reuniones de amigos del pasado
como pleitos inevitables.
Negocios inconclusos;
traiciones fraguadas...
o declaraciones de amor
y rupturas inesperadas como dolorosas.

Quizá para alguien
los días son así,
como se vé en las velas
ahí dispuestas y a medio toque:
días monótonos y rutinariamente grises
con un poco de luminosidad
que es movida por el leve viento;
días a medio vivir
esperando -tal vez-
que el viento no sople o siga soplando 
(como es lo usual)
siempre en la misma triste dirección.

¿Cómo poder saber lo que para cada mesa
depara el destino a cada momento
de vida infinita?

¿Acaso habrá forma alguna de poder adivinar
las historias de vida que cada una de esas mesas
atesoran a pesar de que,
lo más probable, es que haya cosas
que en realidad se torna triste el recrear?...

Los días a medio vivir
son los días de todos los días.
O cuando menos,
para mí que al margen de todo
veo todas las cosas,
esperando (en verdad)
que a cada mesa hoy llegue gente alegre
con los corazones rebosando felicidad
para que solamente por este día,
haya nuevas historias agradables
y distintas qué contar.









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