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viernes, 6 de abril de 2012

Angelito de la guarda...




Fotografía:
Google Imágenes



Una dulce oración...
cada noche, en aquélla sencilla casa
-como en la mayoría de los hogares 
de los alrededores del lugar-
se elevaban rezos y oraciones antes de ir a la cama.

Lupita estaba ahí, lista con sus manitas dispuestas
para rezar como todos los días
antes de dormir plácidamente.

Su pequeño hermanito,
de pocos meses de nacido dormía ya
después de tomar su último biberón del día.

La mamá de Lupita y del bebé en la cuna,
se disponía ya a hincarse junto a la nena 
para juntas, como todas las noches
rezar al angelito de la guarda.

Lo que más le conmovía a la joven madre
era la carita de alegría y tierna satisfacción
con que la chiquita -y con los ojitos entrecerrados-
comenzaba la oración acostumbrada.

"Angelito de mi guarda,
mi dulce compañía..."...
La vocecita de la niñita era suave
y cándida... como podía ser cualquier
ventisca cálida de un día de verano.

El papá en ocasiones,
se dejaba conducir por la ternura de los ruegos
de la pequeña quien, nunca olvidaba pedir por cada miembro
de su querida familia;
pedía por todo y en realidad, por todos los habidos 
por conocer...,
hasta por el pequeño canario que era de su abuela Nana.

Y culminaba la criatura (con sus manitas entrelazadas)
pidiendo cada ocasión,
por la felicidad de tener a su hermanito;
diciendo a Papa Diosito que prometía ser niña buena
y ya no hacer maldades a su hermanito...
como lo que había hecho últimamente
al abrirle los ojitos al bebé de vez en vez cuando él dormía.

Y las plegarias de esa chiquitita
siempre son escuchadas por el angelito de la guarda 
que existe para cada inocente niño que hay en todas partes,
donde seguramente,
las promesas que habrán de escucharse y esperar por ser cumplidas
serán iguales a las de Lupita quien,
queriendo tanto a su hermanito,
de repente no podía evitar hacerle uno que otro cariñito
que de súbito, se volvía una pequeña travesura.







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