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jueves, 26 de abril de 2012

Aquélla mujer...




Fotografía:
Google Imágenes


Aquélla mujer que camina con resuelta seguridad,
posa sus ríspidos pies de vida y trabajo
en las granulosas arenas de esa playa cercana.


La suavidad de sus movimientos,
contrasta con la sobriedad de su adusto rostro
y con la apremiante urgencia de llevar pan y alimento
al humilde hogar que día con día,
espera ansiosamente su llegada.


Aquélla mujer,
no sabe de lujos ni de caprichos banales.


Tampoco sabe de coqueterías absurdas
ni de pretensiones sociales.


Solamente sabe caminar...
caminar y trabajar de sol a sol
y de luna a luna,
porque llegando a su morada
deberá dar de comer y cenar a la vez,
donde al mismo tiempo
que empezará a lavar y planchar
intentará controlar el sueño, el cansancio
y la fatiga.


Aquélla mujer es un roble imponente
con la fragilidad de una rosa...
sabiendo ser estoica y prudente
así como amorosa y cercana.


Aquélla mujer,
simplemente seguirá el mismo camino
por la misma playa
día tras día y año tras año...
hasta que finalmente, el buen Dios nuestro
le brinde el cobijo de un descanso eterno
en su plácida morada.





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