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martes, 24 de abril de 2012

Con el pensamiento...




Fotografía: 
Google Imágenes



El implacable tiempo hizo lo suyo;
habían ya pasado más de 10 primaveras
con sus consabidos veranos.

El hombre seguía yendo al lugar
donde, desde todo ese tiempo,
solía observar la llegada de cada nuevo día
y también la despedida de una jornada más en su vida.

No quedaba más que esperar...
esperar y únicamente, 
con toda su infinita paciencia, 
esperar.

Ya se había tornado parte de su existencia
el albergar el secreto anhelo
de una llegada que, para sus adentros,
sabía que quizá, jamás pudiese abrigar.

Mas, su pensamiento estaba ahí
(o allá... doquiera que ella estuviera)
y siempre con ella...
solamente con ella.

El olor a salitre
le traía los más dulces recuerdos...
¡qué ironía!
Porque un sabor salado, 
por lo regular no se asocia con un dulce recuerdo
y sin embargo, así era
porque ese olor llevaba a su mente y a su corazón
la evocación de la mujer amada.

Su risa...
sus lágrimas tiernas
y sus cariñosas caricias.

Sí...
No importaba cuántas primaveras más
ni cuantos veranos, otoños ni inviernos
ahí, a la orilla del mar,
tuviera que esperar y seguir esperando.

Él siempre estaría así y ahí,
fiel y amoroso...
y con el pensamiento en ella
y con sus esperanzas puestas en su anhelada llegada.





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