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domingo, 1 de abril de 2012

Don Gerardo, el taquero...




OFICIOS-40 (EL TAQUERO)
Fotografía de Alex "El Pelos" Briseño




Saliendo del cine, comenzamos a caminar así...
sin rumbo (aparentemente) fijo.

Íbamos como era normal, zigzaguendo y jugueteando;
porque siempre que salíamos todos
-cuando finalmente podíamos coincidir con un día libre
para todos y para nuestros gustos como ver peliculas-
pues no lo dejábamos para después...
porque ciertamente,
la noche era hermosa... ¡realmente bella!
Y, sin decir más cosas que no fueran bromas 
entre nosotros, seguimos caminando.

Cuando nos dimos cuenta,
ya habíamos tomado el rumbo de la taquería
a la que llegábamos cada viernes después de la escuela.

Cada viernes teníamos clase y taller;
sin embargo, el único "pero" era la hora de salida:
demasiado tarde como para ir al cine
y quizá, demasiado temprano (y con mucho cansancio)
como para irnos de fiesta.

Así que no pudimos haber escogido mejor lugar
para poder reunirnos con todos
mientras también los otros salían de sus clases y talleres.

Don Gerardo era el dueño
y también era el que estaba atendiendo el trompo,
sí... el trompo de la carne tan deliciosa que tanto nos gustaba.
Y ya sabía que cuando llegábamos,
había veces que nos daban las mil horas ahí,
platicando, riendo y bromeando.

Don Gerar, como le decíamos todos, 
ya hasta sabía nuestros más personales gustos:
para Víctor, los tacos al pastor y las gringas especiales;
para Roque también al pator pero con piña
además de una impresionante torta doble especial.

Roberto y Jacinto eran los especialistas en comer de todo un poco
y Carlota y yo, aunque comíamos también mucho
"por ser de buen diente" -como decimos aquí-,
pues nunca podíamos llevarles el paso,
y por la misma razón, 
a veces únicamente pedíamos una quesadillas con flor
o, si por ser de noche ya no había flor de calabaza,
pues nos conformábamos con unas sincronizadas
con salsa bien picante.

Y Don Gerar se reía de nosotros y con nosotros:
se sabía ya nuestros chistes bobos
y las bromas groseras y léperas que los muchachos decían.
De vez en vez, Don Gerar les hacía una mueca de reproche a ellos,
como diciendo: 
"¡ya ni la amulan, muchachos,
ái están las muchachas, no sean leperotes!..."
ante las carcajadas escandalosas de todos ellos.

Y tal y como sucedía en todas esas noches, 
tampoco era la excepción ese día después del cine: 
una deliciosa cena con los tacos más ricos de todo el barrio,
los tacos del buen Don Gerardo...
quien noche a noche, 
nos recibía con la más amplia sonrisa
y sus mejores palabras a manera de bienvenida: 
"¡pásenle muchachos, pásenle a los mejores tacos de la cuadra!..."...








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