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viernes, 25 de mayo de 2012

La pieza clave...




Fotografía: 
GOOGLE IMÁGENES


La imagen realmente habla por sí sola; en efecto, para terminar de armar un rompecabezas (o, como en otros lugares se les denomina: "rompecocos") siempre hace falta una pieza.

Una sola pieza.
La pieza final...
O sencillamente, la pieza clave y ya, ¡listo!

En la vida de cada ser humano, ése rompecabezas único se gesta en nuestro interior a cada momento e instante de nuestra existencia.

Cuando comenzamos a definir una postura ante las cosas; cuando deseamos tomar una decisión vital e incluso, cuando debemos asumir cuestiones de nuestra propia naturaleza, aún sin que podamos entenderla del todo.

Y a pesar de todo esto, muchas de las veces, nos acompaña inexorablemente una sensación de incertidumbre...
De cierta soledad y abandono al interior, sin siquiera saber un por qué con exactitud para definir tal circunstancia.

Evidentemente, es porque aún nuestro rompecabezas no está completo; le falta la pieza clave, a decir verdad.

Y cuando nos preguntamos algo tan simple como para quizá tratar de entender un poco de lo que pasa en la cotidiana realidad, algo así tan llano, como por ejemplo... ¿qué es la felicidad?... Seguramente tendremos mil y un respuestas que ofrecer prácticamente, de inmediato, porque estaremos en lo cierto que son cosas mundanas con las que vivimos día a día:

Tener amor, podría bien ser una de ellas.
Estar con la familia, quizá una más.
O muy probablemente (y totalmente acorde con la época actual), tener dinero, éxito y popularidad o ser una persona prominente social y económicamente.
En fin.

No obstante, hay muchas respuestas al interior que no podemos (aunque queramos, sinceramente) encontrar y que den puntual satisfacción a todos esos vacíos existenciales que tenemos.

Y lo único que queda es, aceptar muy humildemente, que aún no hemos sido capaces de cerrar el círculo.
Esto es, de encontrar la pieza clave para dar por concluida tal circunstancia, tal estadio emocional o más ambiciosamente... tal decisión de vida.

La pieza clave nos permite tener el equilibrio emotivo, físico y emocional que necesitamos para -ahora sí- respirar tranquilamente y decir con franqueza y transparencia: "estoy bien y... ¡qué bien me siento así!".

Y, tal vez,... no sé...
Alguno de ustedes me diga ahora (y con toda justeza), estoy de acuerdo, ya sé que hace falta esa pieza clave, pero, al final de cuentas, ¿qué es o en qué consiste la dichosa pieza clave?

A decir verdad, no puedo definirlo, pero sé perfectamente a lo que se refiere. (Tanto así que también estoy segura de que ustedes también lo saben con toda certeza)...

La pieza clave no es otra cosa más que el total punto de coincidencia entre nuestros valores, nuestros deseos, nuestras posibilidades y nuestras circunstancias.
Punto.

Se dice fácil y quizá para muchos, sea simplemente palabrería. Pero créanme que no es así.

Si profundizamos estas palabras, verán que así es y no porque yo lo diga, sino porque todos sabemos que en un momento dado, debemos hallar ese punto de equilibrio entre toda la vorágine de cosas nuestras.

Y así (y solamente así) estaremos en franca posibilidad de terminar de entender ése rompecabezas interior que alguna problemática de índole sentimental, personal o profesional nos provoca y por ende, nos abruma, nos preocupa y que prácticamente no nos deja dormir.

Porque la pieza clave es... simple y llanamente, respirar profundamente y tratar por una noche o quizá unas horas, olvidar -o dejar de lado- lo caótico de la situación que se vive y tratar de despertar (más tarde o al otro día, de preferencia), con la mente más clara y el espíritu más tranquilo.

Sinceramente, veremos las cosas desde otra perspectiva mucho menos atribulada y con la esperanza de encontrar ése pedacito de razón que anteriormente nos faltaba.






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