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miércoles, 23 de mayo de 2012

Una promesa es una promesa...





PROMISE
Fotografía de Paula Bogdan



Una promesa es una promesa...
Cuando niña, era muy usual escuchar
-en la voz dulce y amorosa de mi madre
(aunque sumamente enérgica, 
a decir verdad)-
esas palabras que sentíamos como determinante sentencia,
al tratar de hacer nacer en nosotros, sus hijos,
la buena semilla del ser congruentes
y predicar haciendo...
cumpliendo todo cuanto prometíamos
o nos comprometíamos a hacer.


Ya, cuando más grande...
poco a poco fuí comprendiendo la trascendencia
de decir "te lo prometo"
o de reiterar "una promesa es una promesa..."...
porque aunque hay gente que gusta de poner en práctica
aquéllo de que "...las palabras se las lleva el viento"
yo no estoy de acuerdo con ello.

Cuando alguien,
alguna persona (no importando si se es niño
o ya un joven adulto en ciernes)
se compromete prometiendo algo...
cuestión vital es que se sepa
que se debe cumplir
lo que haya sido se haya dicho.
Punto.
Así debe ser
y así se debiera asumir.

Y sí, entonces es cierto todo eso 
de que una promesa se debe llevar al cabo;
es como si de igual manera, 
a un niño se le reprende y se le dice que si no realiza
tal acción o tal tarea...
pues de igual manera recibirá cierto castigo o amonestación.

Si no le cumplimos lo que le decimos,
nuestra valía como personas
-aún tratándose de una amonestación como en este ejemplo-
se irá diluyendo con el tiempo.

Y más importante que todo ello
es el que todo cuanto hagamos saber a un otro,
deberá tener efectiva consecución en nuestras vidas
al través de nuestras congruentes acciones.
Insisto:
Así es y así debe seguir siendo.

Es por ello que en tiempos electorales
nadie cree en las palabras que toman visos de promisorios engaños;
porque a la palabra la han devaluado...
le han quitado su cariz de señero símbolo de compromiso y verdad.
Y así...
todos iremos viendo que el mundo maravilloso en que vivimos,
se ha vuelto un desencantado y árido terreno de banalidad y de yerros
al creer en quien no respeta el valor de la palabra
ni el compromiso de una promesa hecha.

Porque sí...
en efecto:
una promesa, es una promesa,
y siempre y por sobre todas las cosas
se debe cumplir y llevar al cabo.
Punto final.



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