Buscar este blog

lunes, 18 de junio de 2012

Aquéllos años de infancia...




BIKE IN THE WOODS
Fotografía de Balázs Törô




Lo tengo claro en mis recuerdos.

Aquellos años de infancia nuevamente se hacían presentes...
Vislumbraba hacia mis recónditos pensamientos,
cuál de todas mis experiencias infantiles
había quedado mucho más impregnada en mi alma
que todo el cúmulo de mi vida en aquélla incipiente 
-pero llena de inocencia- etapa.

Recuerdo perfectamente mi bicicleta;
ésa bicicleta que mi padre me regalara en aquélla Navidad...
la última que pasara a nuestro lado
antes de que se fuera para nunca más volver.

En aquél preciado vehículo,
logré junto con mis 4 hermanos,
las más increíbles proezas junto a las más divertidas aventuras.

Y aunque en un principio,
-cuando no era nuestra economía familiar tan buena-
todos teníamos que compartir la vieja bicicleta
de mi hermano Fortunato, el mayor,
pues al tiempo, con la venta del ganado
y con las buenas cosechas que se levantaban en el rancho,
la vida nuestra dió un giro impresionante
y había mucho de todo... ¡realmente de todo y para todos!

De esa manera,
ya no teníamos que pelearnos por usar la bicicleta de mi hermano
esperando pacientemente, a que nos tocara
(¡por fin!) el turno de pedalear los fierros oxidados
que de ella formaban parte, no.

Ahora los 5 hermanos teníamos flamantes bicicletas nuevas.
¡Brillantes, de metal fuerte y con las llantas más hermosas
que podíamos haber imaginado jamás!

Y realmente, ahora, al cerrar mis adultos ojos,
esa imagen que viene a mi mente (y a mi corazón)
es precisamente la de nuestra vieja bicicleta ahí,
recargada en el árbol más añoso del bosque que quedaba
en la parte trasera de la casa de nuestros abuelos...
cuando todos íbamos juntos
(uno montado en ella y todos los demás
corriendo a los lados o a atrás para seguirle el paso)
a jugar a los bosques de nuestra niñez
dejando a esa vieja bicicleta como testigo fiel de nuestros pasos.

Absolutamente todos esos momentos,
forman parte de mis recuerdos más atesorados y preciados;
nuestras risas, nuestros pleitos...
nuestras palabras y consejos a los más pequeños
así como las interminables disputas entre todos
por ver a quién le tocaba ahora el turno para andar en ella.


Sí...
Aquéllos años de infancia,
sinceramente han sido los mejores de toda nuestra vida
porque puedo hablar con el corazón
y por el corazón de mis hermanos que,
gracias a nuestro buen Dios, 
aún continúan con vida en este paraíso terrenal
en el cual nos ha tocado vivir
para tal vez dejar una pequeña huella de lo que somos
y de lo que fuimos signados desde nuestra ingenua niñez.






Publicar un comentario