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sábado, 23 de junio de 2012

BLOODY... Y las inexpertas aventuras de un desventurado vampiro adolescente




BLOODY
(Fotografía de Malia León)



Bloody era un vampiro adolescente.
Con toda certidumbre puedo asegurar
que también, debido a su edad,
bastante inexperto e inseguro.
En verdad.

Cuando muy niño, intentó adentrarse no únicamente
en el arte de la sanguinolenta actividad familiar
heredada desde épocas míticas e historias legendarias.
Sin embargo, como que no tenía mucha suerte que digamos
o estrella, ¿o luz?... 
(No, luz no, por aquéllo de salvaguardar la integridad física
y no convertirse en espantoso polvillo que,
al aire, pareciera un molesto hollín pululando),
siempre sufría en silencio
al darse cuenta, que, entre más poderosos y sanguinarios
se volvían todos los niños y adolescentes de su edad,
más inseguro y temeroso se convertía nuestro amigo,
tan sólo de pensar en la idea terrible
de buscar a algún humano para darle la mordida fatal.

Al darse cuenta de que lo suyo, lo suyo,
como que no era eso de hincarle el diente a la gente,
pues Bloody intentó también ejercitar algunas 
de las portentosas habilidades que, 
seguramente, 
debía tener como miembro de una familia
de tan sangriento y temible linaje...
mismo que tenía sus más obscuros orígenes
en la mismísima Transilvania.
¡Algún parentesco no tan lejano tenía
en grado superlativo con el tan temido 
e idolatrado Conde Drácula!

Mas tristemente veía, 
que todos los demás vampiros adolescentes
desde niños ya podían volar, desmaterializarse,
tener fuerza asombrosa y hasta, 
volverse los seres más carismáticos y atractivos,
para ser sumamente populares entre los amigos
(y hasta los enemigos como víctimas ingenuamente potenciales).

Pero no.
Bloody no tenía nada de eso.
¡Nada!
Y sus desesperados padres no sabían ya qué hacer
o qué tratar de intentar.

Con mucha vergüenza,
sus padres recordaban la primera vez que el pequeño Bloody
intentó alimentarse de sangre humana:
¡vomitó por completo durante dos semanas enteras!

Y Bloody para evitar las críticas y desaires
de todos los demás niños y adolescentes vampiros,
se pintaba con sangre artificial
tanto la boca como los colmillos...
como para demostrarles que, al menos en ese aspecto,
sí era como todos.
No obstante... el terrible secreto de Bloody
era un peligro para toda la familia ¡en verdad!
Y quién sabe cuánto tiempo más,
pudiesen seguir guardando las apariencias ante los demás.

No. 
Bloody era todo un caso.
Una terrible y funesta fatalidad
ya casi casi, vuelta maldición para la familia.

Y entonces...
convertidos en la burla de toda la comunidad vampírica,
el padre de Bloody tomó una drástica y cruel decisión:
se tenían que deshacer de él,
enviándolo a algún lugar a donde hubiese muchos como él,
es decir, gente sin ningún tipo de don o cualidad fuera de serie
para que entonces, fuese felíz entre muchos como él mismo.

Y aunque para la madre de Bloody fué la peor noticia
que pudo haber escuchado en sus 647 años de vida,
Bloody escuchó serenamente la sentencia de su padre:
con toda calma y tranqulidad,
asintió con la cabeza y dijo que sí, 
que prefería acatar esa orden
para no seguir viviendo de la manera tan frustrante 
en que lo hacía, avergonzando a su familia entera
y no siendo un vampiro de verdad nunca, 
porque él ya estaba consciente de todas sus impresionantes limitaciones.

Habiendo pasado el tiempo
(bueno, el tiempo humano, por supuesto)...
Bloody seguía siendo el adolescente que conocimos,
aunque ahora tenía la maravillosa circunstancia de sentirse normal
-si se pudiera decir que algún vampiro puede asumir ese concepto 
como tal en su eterna vida-.

También ya, sabedor de su intolerancia a la sangre humana
(¡para colmo de todos todos su males, por Dios!)
Bloody aprendió a vivir como un humano
-con todas las restricciones de su condición vampírica,
por supuesto- y comenzó a adaptarse a esa vida distinta
pero tan grafiticante para él y para todos sus traumas adolescentes.

Escogió un lugar tranquilo al interior de un país subdesarrollado
ubicado al norte del Continente Americano
-he de precisar que su frontera norte colinda con los Estados Unidos,
ya no voy a decir más, para evitar quejas y reclamos-.
Ahí era un chico normal que lo único que provocaba
en todos cuantos lo conocían,
era un sentimiento de simpatía al conocerle  
como huérfano desamparado.

Mas, Bloody por fin pudo hacer amigos...
y amigos de verdad que lo buscaban para formar parte de su grupo
o simplemente, para que les explicara lo que, 
con tantos años de vida vampirica...
había atesorado en conocimientos académicos, filosóficos
y de la existencia del mundo terrenal.

¡Por fin nuestro querido amigo vampiro
era aceptado y valorado por sus cualidades y por su corazón!
(Que en realidad era bastante frío...
pero que de eso nadie podría darse cuenta nunca,
así que, sinceramente... no tenía mucha importancia, que digamos).

¿Y cómo resolvía Bloody el asuntito de su alimentación?...
Pues con bebidas energéticas que le pudiesen dar
los nutrientes necesarios 
(que no creo que necesitase mucho
que digamos, porque no era un cuerpo 
con vida como tal,
¿no creen?)...
Ahhh y con sucedáneos de sangre y de alimentos
que pudiese su extraño metabolismo procesar.

Y así, las desventuras de nuestro inexperto vampiro adolescente
terminaron (insisto, para nosotros con el concepto de tiempo
que conocemos, por supuesto)
para dar paso a la nueva vida eterna
al lado de gente que le apreciaba y admiraba
por ser tan inteligente para su corta (bueno...) edad.





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