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sábado, 30 de junio de 2012

La taza de café...





SIN TÍTULO
(IMG_8035)
Fotografía de Jean Makaroff



La mujer llegó prácticamente con el alma en vilo;
caminando lo más deprisa que sus zapatillas de tacón permitían,
casi con la respiración entrecortada
depositó una frustrada mirada en la mesa a la que llegaba.

Ya no estaba.
El hombre a quien esperaba encontrar,
ya no estaba...
y solamente había una taza de café
ya vacía como su propia alma.

Con el corazón roto
y los hermosos ojos totalmente vidriosos,
lanzó un suspiro desesperanzado
sin siquiera atrever a acercarse...
a preguntar si, tal vez...
algún mensaje hubiese dejado con la gente 
que ahí afanosamente trabajaba.

Todo se complicó:
¡tanto tratar de hacer coincidir tiempos y espacio
para finalmente verse!
¡Tanto tiempo... 
tanto sufrimiento,
tantas ausencias
y ahora la oportunidad de nuevamente
poder estar y amar, juntos y para siempre...
para que hicieran todo eso nada!
¡Nada!

La mujer,
sin siquiera asomarse a ver si, 
por casualidad
había algún papelito,
si acaso había alguna servilleta 
con algún garabato para ella...
sencillamente giró hacia la dirección de donde llegó
y con una lágrima dolorosa, 
emprendió el solitario regreso.

Jamás se percató de que uno de los meseros del lugar
entre sus mesas y pedidos de los comensales,
vigilaba de reojo la taza aquélla
-que a propósito no había retirado,
como dejando una señal para la persona
a quien tenía que dar una razón del caballero
que con suma paciencia había esperado 
por mucho tiempo ya-
para hablar con la mujer que llegaría tarde o temprano.

Pero no.
Ella se fué.
O más bien, 
nunca llegó.

Se fué sin saber lo que su gran amor
había dejado dicho para ella...
y él se fué con la esperanza 
de que pronto volverían a verse...
de que ahora y para siempre,
podrían amarse sin separarse nunca más
lo que, al parecer, jamás -tristemente- 
llegaría a suceder.




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