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lunes, 8 de octubre de 2012

Un pequeño corazón de otoño...




Heart of Autumn
Fotografía de Delphine Devos


El pequeño corazón parecía no querer soltarse;
de vez en vez,
al mirarle de reojo y como al descuido,
quizá pudiese yo pensar en que, 
no tardaría mucho -sinceramente-
en caer de su improvisado andamio.

Pero no.
No caía ni se vencía.

El pequeño corazón de otoño...
(puesto que aún disfrutamos de esa temporada)
se asía firmemente...
como cuando alguien enfermo se aferra a la vida;
a la tan preciada vida...
aunque sea por medio de un pequeño motivo
o de una muy escondida esperanza.

Muy probablemente,
ese pequeño corazón...
estuviese esperando algún milagro de vida
donde tal vez...
alguien pudiese tomarlo con delicadeza
y llevarlo hasta su más profundo pensamiento
poniéndolo en el regazo de una amorosa madre
o quizá... 
no sé...
en los anhelos briosos de un adolescente enamorado.

El otoño es una etapa en la vida,
incluso,
de todas las personas y seres existentes 
en la faz de la tierra.
El otoño es el inevitable precedente
de un estadio ulterior...
el último para todos,
pero por mucho,
el de mayor iluminación y madurez de vida.

No de decadencia,
como es creencia de todos;
tampoco es de insuficiencia o de término de vida
como quizá mucho nos han hecho sentir y pensar
al través de las centurias y los milenios 
en las diversas culturas.
No.

Simplemente es el preámbulo de existencia en plenitud
cercana a la última etapa de nuestra presencia material
en este mundo terreno en que nacemos,
vivimos y también, aunque nos duela aceptarlo,
morimos.

Pero...
mucho antes de que cualquier cosa de todo esto que hablamos
llegue a suceder...
la lección de vida que nos deja
este pequeño corazón de otoño...
es el hálito de vida al cual aferrarnos todos
a pesar de que las circunstancias parecieran
que denotan todo lo contrario
con mil y un obstáculos y situaciones terminales...
siempre siempre...
hay una sutil e imperceptible esperanza
a seguir viviendo
con todo el acopio que podamos hacer
de las mínimas fuerzas -de hecho-
con que contemos en alma lastimada
y el espíritu fracturado.
Porque siempre hay y habrá...
una esperanza a la cual asirse
para intentar vivir un día más de vida 
y de amorosa existencia.






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