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viernes, 18 de enero de 2013

En el fondo del corazón...





Exposición fotográfica Nishiguchi 11
Fotografía de Ditao



Cuentan las abuelas
(es decir, la tuya, la mía...
las de todos)
que en los tiempos en que todo era diferente
y el azul de los cielos era mucho más profundo
que el de la inmensidad de los mares,
lo importante de la vida
no estaba en ninguna otra parte
que no fuera en el fondo del corazón.

No había cuestiones materiales
ni de status sociales o económicos 
que fuese mucho más importante
que la pureza de una mirada
o la inocencia de una sonrisa.

Lo realmente valioso de la vida
estribaba en cuestiones como el amor a los padres,
la dedicación a los hijos;
la lealtad y perseverancia en los trabajos
o la confianza absoluta en los vecinos.

Cuentan también,
que los niños podían andar en las calles
sin otra preocupación que no fuese
olvidar el mandado o encargo
para lo que fueron enviados
a la tiendita de la esquina,
a la panadería del barrio
o hasta a la casa de los padrinos.

La gente mayor,
esto es, los adultos,
perfectamente podían llamar la atención,
amonestar y hasta regañar duramente
a cualquier chamaco o muchacho
que estuviese lejos del barrio de su casa
o que incluso, estuviese siendo grosero
o haciendo alguna cosa indebida o no bien vista.

Era impensable el concibir
que alguna pareja de novios
se diese un beso en la calle
o estuviesen abrazados más allá de lo permitido:
la policía también,
se esforzaba en corretear a las parejitas indiscretas
que en portones, parques o callejones,
intentaban abrazarse y besarse más allá
de lo que cualquiera hubiese aprobado 
con la inquisitiva y autoritaria mirada.

También (y de hecho)
los juegos de los niños podían efectuarse
en la calle con toda la tranquilidad
de que cualquiera de los papás de los niños
o los mismos vecinos,
estarían al pendiente 
en caso de algún pequeño incidente.

La vida era hermosa
-según el decir de las amorosas abuelas-
y todos vivían felices y tranquilos.

¿Qué habrá sucedido para que todo haya cambiado?
No podemos saberlo, a decir verdad.
Mas, lo que sí podemos asegurar, 
es que,
las cosas maravillosas de nuestra existencia
son aquéllas que no importando los tiempos,
no importando las circunstancias
o situaciones,
se siguen albergando en el fondo del corazón.

Alegrías, risas, anhelos;
sueños, esperanzas y motivos
para día a día 
intentar construir una mejor persona...
son parte de los valores del ser,
de los elementos de nuestro espíritu
que nos impulsan a seguir tratando
para, entre todos,
conseguir una vida con mayor satisfacciones 
para nuestra alma,
para nuestro pensamiento,
para darle sentido a nuestra propia existencia
con todo aquéllo que,
desde los tiempos anteriores
al de nuestras adoradas abuelas,
se cuida y se preserva
en el fondo del corazón y para siempre.




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