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martes, 29 de enero de 2013

¿Qué eres, soledad, qué eres...?




Fotografía:
Google Imágenes


Los azules violáceos del cielo frente a mí,
hacen que mis pensamientos aún sean 
mucho más fuertes.
Mucho más profundos.
Mucho más pesados.

¿Cómo poder dejar de lado la sensación
que invade todo mi interior?...

La sutil brisa que, 
en el cielo que contemplo
se sigue presentando...
me invita a visitar mis recónditos espacios;
aquéllos que suelo dejar de lado
como ignorando la posibilidad
-latente y existente-
de tu suave clamor en mi solitaria alma.

De nueva cuenta,
bienvenida soledad.
Te has hecho presente
(una vez más y para siempre)
aún y a pesar
de que no quisiera reconocer
tu permanencia eterna
en la vida mía.

Respiro
(nuevamente y con total convicción)
hacia la profundidad de
mis ecos más abruptamente evidenciados;
y no obstante,
la recurrente e inútil pregunta
me llega de súbito
invadiéndome por completo
y sin zozobra alguna:
¿qué eres, soledad, qué eres?...

Ríos de lágrimas no lloradas
y risas atesoradas
jamás escuchadas.
Un ir y venir en mi adultez plena,
sin el consuelo de una vejez
rodeada de pequeños saltamontes
que brinquen inexorablemente
hasta la desesperante angustia reprimida...

Y de nueva cuenta,
el violáceo ambiente se apodera
de mis reflexiones en tristeza infinita
dando paso a la certidumbre 
de los hechos en la vida 
-por ahora-
a plenitud disfrutada:
Bienvenida mi amiga de todas las horas;
bienvenida mi compañera cíclica e incondicional.

Para los siguientes instantes de mi vida,
lo único que puedo definir y aceptar
es que eres tú y estás aquí y para siempre;
sin saber (a ciencia cierta)
las repetitivas respuestas 
a mis tan necias preguntas...
solamente puedo recibirte
con las palabras que conozco
desde que has hecho acto de presencia
en mi existencia:
¿qué eres, soledad?
Bienvenida amiga de lo que reste de vida...
pero, querida soledad
 ¿qué eres?...
Dime, ¿qué eres?



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