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lunes, 26 de agosto de 2013

SOLIDARIOS... (Fotografía de Roberto Obregón)






Solidarios
Fotografía: Roberto Obregón



Los tres amigos caminaban resueltos.
Aunque no se les advertía del todo contentos,
iban juntos y con el desparpajo usual 
de todo niño de su edad.

Goyo, Plutarco y Nayo
-los nombres con diminutivo incluído-
eran amigos inseparables.
Quizá las circunstancias de pobreza
que los tres compartían...
Quizá el abandono al que también parecían condenados
al irse los padres pa'l otro lado,
ques'que  pa'conseguir una mejor vida.

Para saber...

El caso es que, por azares de la vida
(o del infortunio)
los tres niños vivían con la misma persona, doña Chayo,
quien precariamente trataba de dar 
no únicamente sustento a sus tres entenados,
sino también, un poquito de conciencia,
un poquito de fé y un mucho de buen corazón.

De ése enorme y cristalino corazón
que mucho hacía por los tres chiquillos en el anonimato,
sin ser nada más que un vínculo con el que debiere,
haber sido desde sus primeros días de vida,
el amor de una madre o al menos,
lo más cercano a lo que pudiera eso ser o significar.

La buena mujer,
a pesar de lo paupérrimo de su vida en solitario
y de sus toscas y rudimentarias maneras,
echóse a cuestas la tan pesada tarea de sacar adelante
no a un sólo chiquillo...
sino a tres indefensas criaturas como sólo Dios sabe.

Mas...
La generosidad de ese enorme corazón, 
habría de ser premiada con tres gallardos jovencitos,
de muy corta edad, pero de profundos y bondadosos sentimientos.

Sí...
Nayo, Plutarco y Goyo
(los tres así, siempre juntos
sin importar el orden entre ellos)
eran niños maravillosos que, aunque con semblante triste,
trataban de corresponder también con cariño,
las maravillosas muestras de preocupación
y de disfrazada dureza que, 
lo único que pretendía, 
era hacerlos más fuertes y solidarios entre ellos 
ante la adversidad de la incierta vida.

Sí.
Doña Chayo lo estaba logrando,
porque siempre se les podía ver juntos...
siempre juntos y así, solidarios en todo cuanto hacían
e inseparables como hermanos no solamente del alma
sino de la sangre como vínculo que, 
aunque inexistente entre los tres chamacos...
sí evidente ante los ojos de todos cuantos les rodeaban.

Y los tres niños,
siempre caminando juntos...
hacían sus labores solidarios
ayudándose entre ellos para llegar pronto 
al techo de cartón y lámina
que ellos amaban más que nada,
porque significaba el hogar que desde siempre 
fue lo único que, un alma caritativa
tuvo para ellos.





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