Buscar este blog

lunes, 28 de octubre de 2013

El último viaje...






Fotografía:
National Geographic Photos
(Google Imágenes)





La calidez de las aguas acariciaba todo cuanto tocaba.

Pies...
piel...
manos...
todo, menos el corazón 
de quien ahí se mantenía impávido
ante la belleza del atardecer 
frente a sus ojos.

Finalmente,
y a pesar de no haberlo querido así,
el ser amado...
a quien jamás debió haber anhelado,
había dado la temida vuelta hacia el adiós rotundo.

Nunca podía haber imaginado
lo contundente del vacío al interior.
Jamás.

Estaba equivocado...
Siempre lo estuvo para su infortunio.
Y lamentablemente
hay cosas,
situaciones,
decisiones,
palabras y sentencias
que quizá jamás se deben decir
ni mucho menos desear o pensar...

El corazón ciertamente sabe de estas cosas;
sin embargo, pareciera que,
el individuo dueño de tal máquina de sentimientos
no.
Y ni siquiera pudo ser capaz de percatarse
de ello al grado de, 
perderlo todo y para siempre.

Sí...
El último viaje era ya algo impostergable.
Totalmente tangible y próximo...
tan próximo que, 
por más que hubiese deseado no hacerlo,
era más que evidente que no se podría evitar.

Y muy probablemente...
en otros lugares de otras tierras más lejanas,
quizá hasta más allá de ultramar,
pudiese haber clemencia para la impotencia infinita
de saberse solo y para el resto de su minúscula existencia.

El último viaje iniciaba de a poco...
en lo que los últimos pasos sobre la cálida arena,
se posaban uno tras de otro
sobre lo incierto de la tibieza de las aguas
que invitaban a adentrarse más y más,
haciendo que los titubeos y quebrantos
-al unísono con los latidos cada vez más acelerados-
del dueño de los pasos que, 
determinantemente,
se sumían cada vez más y más,
desapareciesen por completo
acompañando a ese cuerpo 
con restos de un silente aliento
de quien ya no deseaba ser más.



Publicar un comentario