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miércoles, 27 de noviembre de 2013

5 de la tarde...




Fotografía:
Google Imágenes




5 de la tarde.

Viernes, en algún lugar soñado tiempo atrás...

Finalmente pude darme un tiempo para mí;
logré (después de mucho batallar para lograr que mi jefe
me diese ese día a cuenta de las muchas horas extra de trabajo
que, de varios años atrás, me debía -a decir verdad-),
poder tener para mí solita una semana...
¡una semana enterita y a placer únicamente para mí!

Nunca he sido muy buena con eso de las relaciones interpersonales;
efectivamente (y como se han de imaginar) 
soy una de ésas personas...
sí, media huraña,
medio extraña...
medio solitaria.

Sin embargo, 
a pesar de ser todo un estuche de monerías
(como nos decía mi mamá a mis hermanos y a mí
cuando éramos muy pequeñitos),
guardo muchas cosas solamente para mí.
Para mis adentros,
para mis soliloquios...
y para mis anhelos más vehementemente 
deseados -aunque suene 
(o se lea) un poco redundante-.

Y por fin, hoy.
Por fin, estoy aquí...

Y por fin, me siento libre...

Libre para acudir a mi cita tan imaginada
de añosos tiempos donde incluso,
no era más que una juguetona niña:
el lago hermoso y apacible;
la casita roja como en mis sueños
de frente a mí,
en una tarde de viernes
como deseando se prolongara eternamente
la mágica visión del lugar aquél
donde siempre,
de mil maneras inevitables,
terminaba yo deseando estar
para nunca más tener que alejarme del mismo...
como queriendo asirlo entre mis manos
únicamente deseando que no escapase jamás.

Sí.

Es viernes y son las 5 de la tarde.

Y nada...
Nada ni nadie,
podrá atreverse a invadir mi espacio,
mi tiempo...
mi tarde maravillosa
donde se fusiona, al fin y al cabo,
mi realidad apabullante
con mis más caros y anhelados sueños...

Porque estoy aquí,
al fin, ahí...
por fin en viernes...
y siendo, 
para mis más alegres adentros,
las esperadas 5 de la tarde
más hermosas y felices
de toda mi existencia.



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